dijous, 20 de maig de 2010

FISONOMIA del RECORRIDO DEL MARATÓN DE BARCELONA'2012 



Km 0 al 1

El domingo 25 de marzo saldremos a las 8.30 de la mañana de un lugar espléndido como es la Avenida María Cristina para correr el maratón, una de las cosas más trascendentes de cuantas haremos durante el año. (Los que lo hagan por primera vez  pueden cambiar "año" por "vida" sin temor a equivocarse)

Lo haremos cerca de 20.000 locos y locas del correr, exultantes de contento, después de tantos y tantos días de entrenamiento, de tantas veces que habremos soñado este momento, de incluso no haber dormido casi nada la última noche ... Lo haremos en un espacio espléndido. Detrás nuestro la Font Màgica, las Quatre Barres y el Palau Nacional. Dos construcciones realizadas con motivo de la Exposición Internacional del año 1929, y la del símbolo de Cataluña, felizmente levantada de nuevo no hace mucho, que nos parecerá que las hicieron para que fueran el marco de nuestra salida.

A poco del disparo, desatada la emoción del momento, pasaremos por debajo de las Torres Venecianes, que era el pórtico de entrada al recinto de aquella Exposición, y encontraremos de inmediato la Plaza Espanya. Pasaremos  al lado de la gran fuente que hay en medio, con esculturas que representan diferentes lugares del Estado, y seguiremos por la calle de Tarragona.

No hay que sufrir. La Plaça Espanya no estará así. (1918)
Por la calle de Tarragona, pasaremos, a nuestra derecha, la que fue la plaza de toros de Las Arenas, convertida desde hace poco en un moderno centro comercial y de ocio que, pese a la crisis, está teniendo un éxito extraordinario . Un tercio del espacio está dedicado a establecimientos comerciales y de restauración, siempre llenos; hay 12 salas de cine, un museo del Rock, un parking inmenso en el sótano; y arriba del todo un gimnasio con una pista circular exterior de tartán, de trescientos metros, desde la que se tiene una visión panorámica de toda la ciudad mientras se hace footing (o se hace el entrenamiento para correr un maratón ...)

Una precisión: la plaza de Las Arenas se construyó hace más de cien años encima de un montículo al que siglos atrás llamaban El Coll dels Enforcats. Era donde ajusticiado los reos. Y debían tener trabajo, porque había dispuestas nada menos que cinco horcas. El lugar estaba fuera de las murallas de la ciudad, y de ahí viene la expresión, cuando uno quiere referirse a un lugar lejano: "Está en la quinta horca".

Nos alejaremos de "la quinta horca" por la calle de Tarragona arriba, con imperceptible subida, y tendremos a nuestra derecha el Parc de Joan Miró (popularmente llamado Parc del Escorxador (Parque del Matadero)   y la admirable y admirada escultura de Joan Miró, La dona i l'ocell (La mujer y el pájaro). Un apunte: pasada la escultura hay un cuartel de los Bomberos que se ha ubicado aquí provisionalmente. Los vecinos cercanos se quejan porque, como siempre pasa, no les hace gracia: dicen que afecta a la visión de la obra de Miró y resta espacio público, sin embargo, mal pensado que es uno, me parece que la incomodidad radica en el ruido que hacen las sirenas.

Hablando de la obra de Miró, una observación particular: es obvio que el autor, obligado seguramente por las circunstancias de la época que la realizó (ya me entendéis), debería bautizar la obra como "La mujer y el pájaro "con un eufemismo (las guías de la ciudad decían, y todavía dicen:" Escultura de 22 metros que representa una forma femenina con sombrero y sobre éste la imagen de un pájaro ") porque como es sabido, y lo confirmaremos al pasar por el lado, la escultura es un enorme pene. De bonitos colores rojos, amarillos verdes y azules-característicos del artista-, pero un pene como una casa. De mujer y de pájaro tiene bien poco.

Calle de Tarragona. Año 1970
También una constatación sobre el Parque del Matadero: cuando se urbanizó a principios de los años 80, después de que hubiera sido derruido lo que fue el matadero municipal, nadie podía suponer que las calzadas del entorno del cuadrado que configura el espacio, que son cuatro manzanas del Eixample (1.000 metros mal contados) sería un magnífico lugar para correr. No hay momento del día que no se vea a corredores y corredoras, más mayores, más pequeños, haciendo sus kilómetros de entrenamiento dando vueltas al cuadrado. Y uno sabe de uno que entrenó un maratón y todo.

A la zona se le llama El Manhattan Barcelonés por los modernos rascacielos del lado izquierdo. Contrasta con el hecho de que hace unos años, cuando todavía existía el matadero, era un lugar donde era fácil cruzarse con el ganado que salía de los corrales de delante -convertidos ahora en modernas oficinas de modernas empresas- camino de ser sacrificados.

Al final de Tarragona pasaremos por debajo, a nuestra derecha, de uno de los rascacielos del complejo de viviendas de Roma 2000,construido a finales de los cincuenta por el arquitecto del Camp del Barça, Francesc Mitjans, en el mismo espacio donde hubo un cuartel de Artillería. Justamente enfrente se encuentra el restaurante Peixerot, la sucursal del de Vilanova, que también, como allí, hace unas paellas sensacionales. Y en este lugar, al pasar la Plaza de los Països Catalans, nos encontraremos el indicador del Km 1 en el mismo lugar donde, curiosamente, comenzó el maratón del año 1989. Aquella en la que participamos 2.700 y pensábamos que éramos multitud.


Km 1 al 2

Pasaremos la Plaça dels Països Catalans, a nuestra izquierda, y el comienzo de la Avenida de Roma a la derecha. En este punto donde estamos ahora, años atrás se podía ver como pasaban los trenes porque la Avenida y la calle de Aragón no estaban cubiertos. Cuántas veces, cuando era un niño quien esto escribe, y quién sabe si algún ultraveterano que lo lea, no habrá visto el espectáculo del humo por las chimeneas de las máquinas invadiendo la zanja y la calle ... o escuchado el silbido ensordecedor pero a la vez cálido ... o el tram-tram de las ruedas al pasar por las junturas de las vías? Cuántas veces ...? Quizás costará creerlo, pero es bien cierto que, en los años cuarenta, ir a ver pasar el tren por el lugar que ahora estamos era una de las diversiones de los niños.

Al pasar la Plaça de los Països Catalans no hay que entretenerse en mirar nada porque es una de las llamadas plazas duras, y además está llena de barracones por las obras del AVE.

Bueno, si se desea, quizás sí que vale la pena fijarse en el simpático Gato de Hierro que hay en el tejado ondulado de la plaza: el único ornamento que ha quedado en pie con los años (tampoco es que hubiera muchas filigranas antes).

Gato de Hierro. Plaza de los Países Catalanes / calle Tarragona
Que haya un gato encima del tejado de una plaza tan fría como esta es todo un detalle. Casi insólito, humaniza un lugar que no tiene ningún atractivo sino todo lo contrario Cuando lo inauguraron, lo recuerdo como si fuera ahora, había unos paneles metálicos en un lado, con una especie de macetas debajo para que pudieran trepar las ramas y hojas de unas plantas. No arraigaron de ninguna manera, y la plaza ha quedado sin brizna de humanidad, salvo los squatters que hacen mil piruetas, y sin más poesía que la que inspira este gatito. Se ha dicho que al ponerlo, los arquitectos que diseñaron la plaza, Helio Piñón y Albert Viaplana, se inspiraron en el gato negro que hay en el famoso cuadro del pintor impresionista Edouard Manet, "Olympia, la modèle ave chat noir ", a los pies de la cama de la chica desnuda. Quizás sí, aunque no sé ver ninguna relación. Como sea, el impávido gatito nos dará suerte porque es de color negro; sabido es que mientras para algunos encontrarse un gato negro lleva mala suerte, para otros es sinónimo de felicidad. Incluso de fecundidad en Inglaterra, sí los novios lo ven el día de la boda.

Iremos por la calle de Numancia arriba (unos 300 metros de suave subida) para ir a encontrar Berlín y girar a la derecha en el chaflán donde hay un edificio del arquitecto Ricard Bofill, el mismo que ha diseñado el Hotel Vela de la Barceloneta, famoso por el debate ciudadano que levantó por estar en el lugar que está: 88 metros de altura en la playa ... y famoso por ser el más caro de la ciudad: desde 200 a 3.700 euros la habitación, desayuno aparte ... con derecho a usar la piscina y el gimnasio, eso sí.

Pero volvamos a nuestro circuito: seguiremos por Berlín hasta cruzar Entença y enlazar con París. En el cruce veremos el monumento a Josep Tarradellas, el político del "Ja soc aquí!", Presidente de la Generalitat en el exilio y más tarde en democracia, que era un maestro de las relaciones con el gobierno de Madrid. Y, todo hay que decirlo, un obseso en las formas, hasta el punto que ningún colaborador suyo podía ir sin corbata, y ninguna colaboradora con pantalones; a ellos les quería encorbatados, y a ellas con falda. Se dice que, con fama de tacaño, Jordi Pujol, su sucesor, tuvo que esperar un año y medio para que le pagara un roscón de cabello de ángel que había perdido en una apuesta entre los dos. Atención, no quisiera que lo que he dicho resultara una frivoliotat: Tarradellas fue un gran político y un estadista de los pies a la  cabeza que hizo mucho por Cataluña. Cuestionado por algunos, pero admirado por muchísimos, entre los que me cuento. Que conste en acta.

El monumento al Tarra no sé si gustará a todos. Es de aquellos abstractos que, si no eres un experto -y seguramente aunque lo seas- cuesta interpretar su significado. Lo que si nos gustará y lo interpretaremos muy bien es la señal del Km 2, que la veremos aquí mismo.


Km 2 al 3

No me preguntéis porqué, pero la calle París que cogeremos a continuación es más agradable que la deBerlín, o al menos a mí me lo parece. Será que sus árboles son más frondosos, o lo que sea, pero a mí me gusta más. Y no porque haya gran cosa que mirar, excepto el edificio de la Piscina de Sant Jordi y   la Escuela del Trabajo a punto de girar a la izquierda para subir por la Avenida de Sarrià. (La piscina, que fue inaugurada en 1966, es la primera olímpica cubierta de 50 metros, que hubo en España. Y la escuela, concebida para la formación de los hijos de los obreros del siglo XIX, fue construida en 1873).

No se sabe si los esforzados atletas de la foto eran los
que hicieron la primera carrera que se hizo en Barcelona ... 
pero podían serlo.
La Avenida de Sarrià que habremos cogido, es la misma calle por donde pasaron corriendo -como hacemos nosotros ahora- cinco atletas que hicieron la primera carrera atlética que se celebró en Barcelona. Fue el 9 de diciembre de 1898. La organizó el profesor de un gimnasio, que la corrió junto con cuatro corredores alumnos suyos.

Los cinco hicieron los 14 kilómetros de los que contaba la carrera, desde delante del gimnasio, junto a la calle Canuda, hasta la Plaza de Sarrià, ir y volver. Lo hicieron por un camino empedrado, siguiendo el recorrido del tranvía que unía Barcelona con Sarrià, que entonces era un pueblo de las cercanías. Para que la gente no los tomara por locos al verlos corriendo por la calle, la carrera empezó a las 5 de la madrugada y acabó todavía de noche. No se sabe el nombre del ganador pero sí el tiempo en hacer los 14 kilómetros, que no está nada mal: 55 minutos.

Y parece ser, por otra parte, que preparados como estaban, no se cansaron demasiado. Las crónicas cuentan que al llegar al gimnasio, de vuelta, los cinco cogieron una bicicleta y se fueron a Sitges a tomar un buen desayuno.

Poco antes de cruzar la Avenida de Josep Tarradellas por la de Sarrià por donde estamos subiendo, nos tenemos que encontrar con el Km. 3. Predecesores como fueron de nuestras carreras, quizás nos encontraremos también los espectros de los cinco pioneros en el cruce, y quizá se quieran añadir a nuestra prueba para disfrutar con nosotros del gozo de correr una prueba mítica como la del maratón.


Km 3 al 4

Avanzaremos por la Avenida de Sarrià (a la izquierda habremos pasado junto a la pastelería Satcha, que menciono porque hacen unos de los mejores cruasanes de Barcelona) y pasaremos la plazoleta en honor del médico Ignacio Barraquer, un auténtico prócer, miembro de una dinastía de oftalmólogos ilustres. A principios del siglo pasado, el doctor Barraquer revolucionó las operaciones de cataratas. Las extraía mediante una ventosa en lugar de una pinza como se venía haciendo hasta entonces. Y se explica una anécdota al respecto: al presentarlo en un congreso internacional de médicos en Washington en 1923, donde se discutían ambas técnicas, Barraquer, en medio de una gran expectación, y para defender su moción, se puso de pie y dijo: "Señores, comparen la pinza de presión del cristalino con la uña de un gato, y mi ventosa con los labios de una mujer bonita. ¿Qué preferirían ustedes en su mejilla? ". Con estas palabras, la discusión se dio por terminada.

Subiendo, seguramente nos llamará la atención la enorme altura del edificio de 21 pisos del Hotel Melià Sarrià que veremos a la derecha, frente a la plazoleta. No porque no hayamos visto más altos, y más que veremos, sino porque no es normal este tipo de rascacielos en calles de la anchura de éste. Nuestra sorpresa estará justificada: hace años, una vez acabado el hotel, los vecinos estuvieron a punto de hacerlo derribar porque no cumplía las normas urbanísticas. No lo consiguieron, pero el ruido que hicieron fue enorme, y sirvió para crear una conciencia ciudadana desconocida hasta entonces por razones obvias -estamos hablando de principios de los setenta - y para empezar a hacer entender a los que mandan que "todo no vale".

Y a continuación llegaremos a la Diagonal para girar a la izquierda y coger el lateral mar (seguirá la subida, pero no "matará" a nadie, y menos aún a estas alturas del comienzo de la película). Lo haremos justo al lado del edificio Atalaya, un rascacielos blanco de 21 plantas, donde hace unos años se produjo el asesinato de la dueña de uno de los pisos. Se conoce por El Crimen de la Atalaya, y no sé si se ha sabido del todo lo que durante mucho tiempo estuvo rodeado de mucho misterio. Los restos de la señora fueron encontrados al cabo de ocho días en un descampado de Sitges, después que el asesino desapareciera una hora más tarde del   edificio por delante del cual pasaremos corriendo (nunca mejor dicho).

Y para explicar una cosa menos siniestra: en el mismo edificio había un restaurante en la azotea para gente guapa de Barcelona. Se llamaba la Atalaya. Tuvo que cerrar porque, aunque la vista era magnífica, los que iban se quedaban helados al recibir la cuenta. Además, no comían casi nada (platos de cocina de alto nivel, ya sabéis).

Diagonal arriba, pasaremos por delante de la illa Diagonal, un moderno edificio de color blanco que tendremos a nuestra izquierda, obra de Rafael Moneo, que de lejos tiene la forma de un rascacielos tumbado (parece ser que el arquitecto se inspiró en cómo sería el Rockefeller Center de Nueva York sí estuviera tumbado en el suelo). L'illa Diagonal es un lugar que siempre está a rebosar de gente dispuesta a gastar, porque está lleno de tiendas. Desde una de deportes, muy grande, en la que quien más quien menos nos habremos comprado algo, hasta una de inmensa en la que seguro que también habremos adquirido más de un libro o un DVD, pasando por decenas de boutiques de lo más fashion, cafeterías, restaurantes ....

L'Illa Diagonal, el "rascacielos tumbado"
Un edificio, este de la illa, que es una invitación al consumismo. Y, paradojas de la vida, está construido en los mismos terrenos de lo que fue el Asilo de San Juan de Dios para niños pobres de Barcelona. Actualmente trasladado a Esplugues, es un magnífico hospital de referencia mundial donde puede ir todo el mundo, pero a principios del siglo pasado, y según dicen los historiadores, para poder entrar hacían falta unos certificados de "pobre de solemnidad"  y ... de "haber sido bautizado y confirmado".

Y justo al final del complejo, poco antes de cruzar la calle de Numancia, nos esperará el indicador del Km 4, un número que los aficionados al tarot dicen que da buena suerte. Vamos bien, pues.


Km 4 al 5

Planearemos por la Diagonal (en este punto, y hasta que no la dejaremos dentro de un kilómetro, la avenida es plana) y pasaremos por el lado de otro rascacielos, el Hotel Hilton, de la cadena del mismo nombre. La heredera de este imperio hotelero, la multimillonaria norteamericana Paris Hilton, no ha confirmado si estará en Barcelona el día del maratón para vernos pasar por debajo de su casa. Si lo hace nos divertirá verla: es a menudo piedra de escándalo por sus exhibiciones y sus asuntos; asuntos no especialmente relacionados con las finanzas- que sería lo que se le pediría a la niña, propietaria de más de dos mil hotelitos de lujo como éste- sino por otras cosas. Cosas de la jet set.

Barracas de la Diagonal (Años cuarenta del siglo XX)
Una observación: este mismo lugar de la Diagonal donde estaremos ahora, donde está el Hotel Hilton precisamente, el lugar más moderno y de más glamour de Barcelona, ​​era uno de los espacios de la ciudad donde hace años había chabolas. En los años cuarenta, había en todos los distritos, y también aquí, aunque pueda parecer insólito. Ocupadas por gente trabajadora que había llegado de otras zonas de España huyendo de la miseria o de la persecución política de la posguerra, no encontraba vivienda y se ponía a vivir-es un decir- donde podía, sin agua corriente, sin luz ... en casetas frágiles construidas por materiales encontrados por la calle. Estas de la Diagonal fueron derribadas en 1952 porque se tenía que celebrar el Congreso Eucarístico y convenía dar buena imagen, y sus habitantes fueron trasladados a toda prisa a Can Clos -todo eso que se ganaron-, un barrio de Montjuïc que se creó en cuatro meses.

Para no pensar en cosas tristes: al pasar corriendo por este lugar nos vendrá a la memoria que al otro lado, en la esquina de la Diagonal con la calle Numancia, estuvieron los primeros estudios de TV3. Y nos sorprenderá que en un espacio tan pequeño como es la planta del edificio de vidrio de color negro de Catalana de Occidente, ahora (actualmente un restaurante y un banco), pudieran hacer incluso programas como los de Club Súper 3, pongamos por caso . Habrá que preguntarles como lo hacían los Arcadi Alibés, Xavi Bonastre, Artur Peguera, Joan Patsi o Enric López Vilalta (en TV3 son un buen grupo los corredores) ... que seguro que estarán corriendo el maratón o haciendo un reportaje.

Seguiremos avanzando y pasaremos los Jardinets de Clara Campoamor y los de Ferran Soldevila a nuestra izquierda. Son pequeños y nada del otro mundo, pero se agradece un poco de verde en medio de tantos rascacielos - 10 en concreto contando el rascacielos tumbado que es la illa Diagonal - que hay en esta parte de la avenida.

Un poco más adelante pasaremos por delante de El Corte Inglés. Unos grandes almacenes que, sin querer hacer propaganda, no puedo dejar de decir lo que seguramente recordaremos al pasar por el lado: todo el mundo sabe que organiza cada año una multitudinaria carrera desde el año 1989, en la cual, y para conseguir el Guinnes, participaron 110.000 corredores en 1994, algunos de los cuales a buen seguro que también estarán (estaremos) haciendo ahora este maratón de hoy.

Cursa de El Corte Inglés (Cualquier año)
Es curioso, pero en el espacio que ocupa ahora El Corte Inglés, paradigma del estado del bienestar, había años atrás otro tipo de inmueble, más bien relacionado con todo lo contrario. En el siglo XIII había una de las mayores masías de Les Corts, Can Martí. En el siglo XVI pasó a ser propiedad de los marqueses de Peñalver. Construyeron un edificio y lo regalaron a las Dominicas de la Presentación para que lo dedicaran a un asilo. Más tarde, durante la guerra, se convirtió en la cárcel de mujeres de Barcelona. La casa fue una finca rural, una casa de la nobleza, un asilo de chicas descarriadas y una cárcel de mujeres. Poco que ver con lo que es hoy.

En frente mismo de El Corte Inglés (no lo veremos porque está en el otro lateral) hay un reloj en el suelo curiosísimo. Lo llaman analemático.Un original reloj de sol, en el suelo de la Diagonal, que seguro que los que entrenan por la avenida lo han visto mil veces. Sí quieres saber la hora debes situar encima del mes que está grabado en el pavimento, y tu sombra la señalará. Es decir que tú harás de varilla. Ni que decir que sí no hace sol -sí el día está nublado- no hay nada que hacer.

Hemos dicho que este tramo es llano. Cuidado con embalarnos. El lugar debe ser conocido por muchos que hoy están corriendo el maratón, porque el lateral montaña es un punto donde entrena (entrenamos) mucha gente, y donde incluso algunos hacen series.

No somos los únicos que entrenamos por la zona, también se puede ver hacer footing a famosos que salen por la tele, o a políticos, o a ejecutivos de alguna multinacional que se alojan en cualquiera de los hoteles de cinco estrellas que hay por aquí. Eh! he dicho hacer footing, una cosa bien diferente -un respeto - lo que estamos haciendo nosotros ahora.

Apenas pasado El Corte Inglés veremos las innovadoras en su momento, Torres Trade, del arquitecto Josep Antoni Coderch, detrás de los grandes almacenes. Y un poco más adelante las Torres de La Caixa. Un par de edificios que tienen la singularidad de que el rótulo y el logotipo característico de la entidad creado por Joan Miró -la estrella de color azul y las pequeñas bolas rojas y amarillas, que según dijo el autor representan el universo y los colores de la bandera catalana y española - dan vueltas arriba de la azotea.

Una cosa que también veremos corriendo por la Diagonal son las estructuras metálicas que van de lado a lado de la avenida formando un arco, y con pantallas y señalizadores de tránsito indican si los carriles están abiertos o cerrados. La particularidad de estas estructuras reside en un hecho poco conocido: son obra del famoso arquitecto Santiago Calatrava.

También habremos visto unos raíles de tranvía en el suelo. Pertenecen al Trambaix, un medio de transporte que circula por esta parte alta de la Diagonal  - y también por la parte baja, por donde correremos más tarde cuatro kilómetros- y que constituye una celebrada novedad. Bien, novedad del todo no es, porque más de uno debe recordar al verlos, que hace unos años -quizás son muchos y no habrá muchos maratonianos que los hayan visto porque la media de edad de los inscritos el año pasado era de 41 años los hombres y 40 las mujeres- los tranvías eran el medio de transporte de superficie por excelencia, hasta que, insólitamente, se abandonó su uso en 1971.

Al llegar al Hotel Princesa Sofía habremos alcanzado el punto más alto del maratón. Ochenta y cinco metros sobre el nivel del mar, que teniendo en cuenta que la salida está a treinta y cinco, habremos subido unos cincuenta en los casi cinco kilómetros hasta el hotel. No es muy subida, la verdad.

Abandonaremos entonces la Diagonal y giraremos a la izquierda para bajar por la Avenida de Joan XXIII, Y en un santiamén, a la altura de la Facultad de Farmacia, encontraremos otro señalizador, aunque este no está diseñado para Calatrava ni tiene que ver con el tráfico; será exclusivo para nosotros: el del Km 5 del maratón.


Km 5 al 6

En este punto, bajando por Joan XXIII en significativa bajada, estaremos pasando por medio de unos espacios que, ironías de la vida, son bien contradictorios: a la derecha está la Facultad de Farmacia, a la izquierda los jardines de La Maternitat, y un poco más abajo el Tanatorio junto al pequeño cementerio de Les Corts. No nos hará falta pensar en el chiste (fácil) que nos sugiere el que estos lugares estén tan juntos: nacer, medicarnos y "palmarla".

Iremos a buscar la calle de Arístides Maillol por la de Joan XXIII y divisaremos El Camp Nou. A la izquierda de nuestro paso veremos La Masia, una casa de campo, como tantas que había en Les Corts (de ahí le viene el nombre de "corts": corrales de ganado), construida en el año 1702. Será el primero de los lugares que veremos de las instalaciones del Futbol Club Barçelona: un lugar muy significativo por la gran cantidad de jóvenes jugadores de fútbol y de baloncesto que se han formado aquí, hasta no hace mucho que se han trasladado a otro edificio. Es aquí donde los jóvenes prodigios vivían, entrenaban, estudiaban ... y contaban los días que les faltaba para su debut con el primer equipo.

El Avi del Barça en La Masia.
De reojo, veremos la escultura del Avi (abuelo) del Barça  que hay en La Masia. Fue realizada por Josep Viladomat, un prolífico escultor que también hizo por encargo una estatua que nunca quiso reconocer haberla esculpido: la de Franco sobre un caballo, que estuvo en el Castillo de Montjuïc hasta que llegó la democracia. Por cierto, El Avi lo hizo bastante más delgado que el redondo personaje de barba blanca creado por el dibujante Valentí Castanys hace noventa años, y que es un auténtico símbolo del club. Hay quien dice-quizás con toda la razón del mundo -que al escultor le salió escuálido el personaje porque lo realizó en tiempos de posguerra.

Ante nosotros, en este punto, tendremos, majestuoso, el Camp Nou. Y no nos podremos sustraer -en especial los que somos del Barça- que estamos frente a un templo. Y quién sabe si, como Joan Oliver (Pere Quart) en su poema "La croada" ("La cruzada"), no imaginaremos las multitudes que se le acercan el día de partido ...


"Quan s'acosta l'hora
les àvies i els petits agemoleixen
al fons de les alcoves;
i al recambró de la higiene
donzelles sospiroses
s'emmirallen, malgrat tot, amb càlcul.

Però els barons -fixeu-vos-hi!-
s'alzinen com pollancres
vora la taula devastada;
surten al porxo,
escruten el cel, color de perla falsa.
Bròfecs com els herois en crisi,
abracen per damunt
la muller eixuta,
que temps ha malalteja.
(El gos lànguidament udola
abocat a l'eixida.)

I “Adeu” criden a tots
amb veu entera,
i alcen el braç a mitges,
secrets escèptics tal vegada,
però en l'extern inexorables.

De dos en dos,
centenars i milers,
es llacen
a les desertes vies de la tarda.

Entre marcials i amotinats
avancen, sallen
-escamots convergents,
centúries, legió-
impetuosos, emulant-se
en la carrera única,
com assumits pel fat enorme
de les grans ofensives
o els grans èxodes.

Perillosament -oh sí,
que en l'aire sobreneda
un pensament de pluja-,
catòlics de debò,
croats unànimes,
com
un
sol
home,
van a l'estadi nou, van a l'estadi".



("Cuando se acerca la hora
las abuelas y los pequeños se arremolinan
al fondo de las alcobas;
y en el  cuarto de la higiene
doncellas suspirantes
se reflejan, sin embargo, con cálculo.

Pero los varones-fijaos en ellos! -
se alzan como chopos
junto a la mesa devastada;
salen al porche,
escrutan el cielo, color de perla falsa.
Histéricos como los héroes en crisis,
abarcan por encima
la mujer seca,
que tiempo ha enferma.
(El perro lánguidamente aúlla
abocado a la salida.)

Y "Adiós" gritan a todos
con voz entera,
y alzan el brazo a medias,
secretos escépticos tal vez,
pero en el externo inexorables.

De dos en dos,
cientos y miles,
se entrelazan
a las desiertas vías de la tarde.

Entre marciales y amotinados
avanzan, 
-Guerrillas convergentes,
centurias, legión-
impetuosos, emulándose 
en la carrera única,
como asumidos por el hado enorme
de las grandes ofensivas
o los grandes éxodos.

Peligrosamente-oh sí,
que en el aire sobrenada
un pensamiento de lluvia-,
católicos de verdad,
cruzados unánimes,
como
un
solo
hombre,
van al estadio nuevo, van al estadio ").

Por Juan XXIII llegaremos a la calle de Arístides Maillol y continuaremos "nuestra cruzada particular" bordeando las instalaciones del Club de Fútbol Barcelona. Lo haremos rememorando que el estadio se construyó por la importancia que tuvo, en la década de los cincuenta del siglo pasado, un jugador de leyenda llamado Ladislao Kubala. El antiguo Campo de Les Corts, donde jugaban, se había hecho pequeño, insuficiente para la masa de nuevos culés que querían admirar el juego de este húngaro que fichó por el Barça el año 1950.

Correremos rodeando el Camp Nou, procurando, al menos yo, y seguro que muchos otros más (que nos perdonen nuestra debilidad los del Español) contener la emoción que nos producirá el hacerlo. Ya me parece ver a nuestro lado, virtualmente claro está, los Basora, César, Kubala, Moreno, Manchón ...

No escuchais a Serrat cantando?:

"Hijos de Una, Grande y Libre ...
Metro Goldwyn Mayer ...
Lo toma o lo deja ... Gomas y lavajes ...
Quintero, León y Quiroga ... Panellets y panellons ...
Basora, Cesar, Kubala, Moreno y Manchón. "

Messi a los 5 años
Tampoco será fácil, pasando tan cerca de las instalaciones del Barça donde, cuando lleguemos a la Travessera de Les Corts encontraremos el km 6, sustraernos a que en este campo del fútbol también han jugado otros auténticos mitos más recientes . ¿No veis el espectro de Maradona; de Cruyf; de Ronaldinho; de Eto'o, o el de nuestro colega maratoniano Luis Enrique? O los de los que juegan ahora: el de un chico -no sé si alguien ha oído hablar alguna vez de él- que se llama Messi?

No será el momento porque estaremos envueltos en nuestro reto, pero pasando tan cerca de lugares con tanta historia deportiva como el terreno del campo de fútbol, ​​el museo del Barça - el más visitado de todos los museos que hay en Barcelona -, el Palau Blaugrana, etc., nos vendrán ganas de pararnos y admirarlo todo. Pero no, hoy no! Ya volveremos otro día!






Km 6 al 7

Habremos girado a la izquierda al final de Arístides Mallol para enfilar la Travessera de Les Corts justo al lado de la Riera Blanca, en el umbral con el barrio de Collblanc.

Unos apuntes: la Riera Blanca toma el nombre de un torrente de agua que pasaba (pasa pero bajo tierra) por lo que ahora es la calle, que bajaba de la zona de Petras Blancas, lo que ahora llamamos Pedralbes. El de la calle de Arístides Maillol hace honor a un célebre escultor y pintor nacido en la Cataluña Norte, el nombre sustituyó -en buena hora -el de Avenida de la División Azul, que se llamaba así, ni que decir en qué época.

Y otro más: en la Riera Blanca, a cuatro metros de donde hacemos el giro, había Los Burots hace años. Eran unas casetas situadas en lugares estratégicos (las entradas de los municipios y las estaciones de tren) para recaudar impuestos de los productos que salían y entraban. Para pasar pescado de Barcelona a L'Hospitalet, por ejemplo, havia que pagar. Cada alimento pagaba una tasa: un conejo tanto, un pollo tanto ... excepto los arenques que estaban exentos. Fueron suprimidos al acabarse el estraperlo, una práctica de la posguerra que consistía en hacer negocio ilegal de productos intervenidos por el Estado, vendidos a precios abusivos por unos listillos.

Me olvidaba: ya hemos visto que al pasar por delante de la Facultad de Farmacia hace un momento, habremos corrido los cinco primeros kilómetros del maratón. Los expertos dicen que estos se deben realizar de manera cómoda, porque son la clave para llegar enteros al final. ¿Les habremos hecho caso? Esperemos que sí. Otra cosa: pronto, en la Travessera de Les Corts, encontraremos el primer avituallamiento de agua. Aquí sí que no hace falta ser muy experto para afirmarlo: se debe beber la que te dan, aunque no tengas sed.

Por la Travessera iremos avanzando, pasando ahora al lado del Gol Sur del Camp Nou. Y seguro que más de un continuará emocionado. Y es que esto del Barça, desde que ha ganado lo que ha ganado con la era Guardiola, es demasiado. Antes era más que un club, ahora es una religión. ¿O es que habrá algún culé que, después de haber conseguido vivir las mejores temporadas de la historia, no se emocionará al pasar corriendo el maratón por delante del Camp Nou? Conozco uno que hace lo mismo cada año cuando llega corriendo, grita dos o tres veces, muy fuerte, ¡¡¡Visca el Barça!. Este año se quedará afónico.

El Barça no juega en casa este domingo. Sí fuera un día de partido, a esta hora ya habría gente comprando camisetas azulgranas-ahora con el nombre de Messi la que más, seguida por la de Iniesta y Xavi -, banderitas, bufandas, gorras ... lo que se desee.

Y ya que estamos corriendo en este punto de la Travesera, digamos que el año pasado, en octubre, frente al Camp Nou, empezó y terminó una carrera popular solidaria, En marcha por la Parálisis Cerebral. Una prueba de 5 kms con una característica especial: la inscripción costaba sólo 2 euros porque un laboratorio se hacía cargo de la mayor parte de los gastos. Ojalá este año se repita y se consolide.

Siguiendo por la Travessera de les Corts, "abandonaremos" el Camp Nou, y poco antes de cruzar la Gran Vía de Carlos III veremos a la izquierda el edificio del recinto de La Maternitat, un lugar de un valioso patrimonio social. Actualmente no tiene nada que ver con el fin con el que fue creada: es un centro asistencial adscrito a la Seguridad Social que atiende a todos, pero en sus orígenes, que se remontan a la mitad del siglo XIX, era La Casa Provincial de Maternidad y Expósitos, de carácter benéfico. Estaba vinculada a las necesidades de la población más desfavorecida: el cuidado de los niños abandonados y la atención médica a mujeres que requerían lo que entonces llamaban "la maternidad secreta". No hace falta decir nada más.

Al pasar por delante, veremos pabellones que ya no se dedican tampoco a la asistencia sanitaria, porque los dos edificios que dan a la Travessera están ocupados por el Instituto Les Corts y la emisora ​​de la COM Ràdio.

Y a la altura del Mercado de Les Corts, como si nada, frescos como una rosa, nos encontraremos un cartel con otro número bonito, que nos indicará que ya hemos hecho el Km 7. (Los aficionados a la numerología dicen que el 7 es un número sagrado, nunca negativo)


Km 7 al 8

Por la Travessera haremos un kilómetro y medio, llano, muy benigno, mientras cruzaremos un montón de calles características del barrio de Les Corts donde estamos.

Se sabe que el nombre de Les Corts no tiene sus orígenes con el que a menudo se le atribuye: "las cortes reales". Todo lo contrario, proviene de cuando había muchas masías con corrales de ganado (corts) al lado. En la época neolítica ya había actividad agrícola. Se asentaron los íberos layetanos, según lo demuestran los restos de unos silos que se encontraron en unas excavaciones, y más tarde los romanos. O sea que los primeros habitantes de Les Corts vivían en cavernas. Nada que ver con ahora, cuando los pisos de la zona y todo su entorno son de lo mejor de Barcelona. También se asentaron los romanos y más tarde, en la edad media, campesinos que apenas tenían para subsistir. Nada que ver con ahora, cuando según datos oficiales, el poder adquisitivo de los vecinos de la zona de Les Corts está muy por encima del de la media de la ciudad, concretamente un 110% por encima.

Aunque no lo parezca, en el barrio de Les Corts no todo es fútbol. Es uno de los lugares de Barcelona donde está presente, desde hace mucho, el ocio y la cultura. Desde agrupaciones corales, dos de las cuales, la Espiga, fundada en 1924 y el Orfeó que lo fue en 1958, hasta el Centro Cultural -actualmente se han añadido las iniciativas del Centro Cívico de Can Deu- , numerosos espacios han contribuido al desarrollo de actividades populares.

Es muy conocida una carrera de ciclismo para profesionales que se celebra en Les Corts, que se ha convertido en la segunda prueba ciclista más importante de nuestra ciudad, detrás de la  Escalada al Castillo de Montjuïc. El circuito es bastante duro -dicen-: dan 45 vueltas a la Gran Vía Carlos III entre la Diagonal y la Avenida de Madrid, ofreciendo la posibilidad a los vecinos y espectadores de poder seguir los 90 kilómetros de la carrera sin moverse del sitio. Como si estuvieran dentro de un velódromo, vaya.

Les Corts también tiene otra carrera, en este caso atlética, El Km de Les Corts, que se celebra en mayo, exactamente por donde estamos corriendo ahora, en medio de la Travessera, en un circuito de ida y vuelta de 500 metros. Se hacen varias carreras de 1.000, la mayoría para corredores federados -con jugosos premios en metálico - y también una para populares.
Pi de la Travessera. A la derecha "la Colmena"
Un poco más adelante nos encontraremos el Pi de la Travessera a la derecha-lo habremos visto de lejos-, un pino centenario de cuatro pisos de altura que separa los carriles de circulación del vial. Situado donde antes había una de las entradas del Campo de Fútbol de Las Corts, constituye todo un símbolo del barrio. Se calcula que tiene 120 años y ha sido testigo de muchos avatares años atrás, y contemplar, ahora, las hileras de culés que se dirigen al Camp Nou los domingos (y también muchos martes o miércoles). Más de un vehículo se ha estrellado en él, como podremos ver por las marcas del tronco sí nos fijamos al pasar, pero a pesar de sus años se encuentra en un buen estado. Se trata de un árbol que fue declarado de interés local en el año 1993 y está catalogado. ("Pino piñonero" "Pinus pinea", para los corredores interesados ​​en la botánica).

Este pino, y una palmera cercana, que también veremos antes, son los únicos elementos que recuerdan los jardines de una desaparecida masía que había en este lugar y que, al ensanchar la Travessera, fueron indultados para permitir su conservación una vez  desaparecida la finca. La finca y la masía era conocida como Can Gasparó, y en el 1934, tras una importante campaña pro escuelas de antes de la guerra, el espacio se convirtió con lo que es ahora, el Grupo Escolar Duran i Bas que tendremos al lado, uno de los colegios más antiguos y más queridos de Les Corts. Pasada la escuela hay un complejo de viviendas que ocupan el lugar del mítico antiguo campo de fútbol que decíamos, al que llaman popularmente "La Colmena". Razón no les falta.

Iremos a parar a la calle Numancia, por donde bajaremos al dejar la Travesera, y al hacerlo, seguiremos pasando por delante del grupo de casas construidas en los terrenos que ocupó el Club de Fútbol Barcelona antes de la actual: el legendario Camp de Les Corts. El campo había sido a menudo un baluarte de la resistencia catalana. Durante la dictadura de Primo de Rivera, por ejemplo, en junio de 1925, ocurrió un incidente histórico: en un partido antes del cual el club quería homenajear al Orfeó Català, una banda de música se vio obligada a interpretar el himno de España. Justo en el momento de iniciarse los primeros acuerdos, el público empezó a silbar de forma tan ensordecedora, que la autoridad gubernativa, ipso facto, clausuró el campo durante tres meses.

Del Camp de Les Corts se explican un montón de historias. Una de ellas es la de que cuando se terminó de construir el conjunto de casas blancas que conforman lo que fue el recinto, circuló una leyenda urbana: al tratarse de un lugar tan significativo, el arquitecto recibió miles de anónimos de culés, poniéndolo de vuelta y media ...por su color blanco.

Bajando por Numancia pasaremos por el lado de lo que entonces era el Gol Norte y quién sabe si, de igual manera que hace un rato, cuando rodeábamos el Camp Nou, veremos como los espectros de jugadores que se hicieron míticos en este lugar: Samitier, Zamora, Alcantara o Kubala, celebrarán nuestro paso y nos apoyarán, aplaudiendo el esfuerzo que estamos haciendo hoy.

Impregnados como estaremos en este lugar del juego de la pelota, quizás habremos visto, si nos hemos fijado, la placa de una pequeña calle, antes de girar para coger la calle Numancia, a nuestra izquierda, que lleva el nombre de Joan Gamper , el fundador del Barça, uno suizo que lo fue todo en el club. Poco podía pensar el año 1899, cuando el hombre publicó una nota en un diario para poner en marcha en Barcelona la práctica de un nuevo deporte, que se convertiría con lo que es hoy. Ni él, ni los 12 que acudieron a la cita, podían intuir entonces que estaban fundando algo más que un club de fútbol.

Jugadores y socios del Barça obligados a saludar antes de un partido.
Algo no muy festivo sobre el campo de Les Corts es el hecho de que, terminada la guerra, y retomados los partidos, el Barça fue especialmente vigilado por el régimen, con el objetivo de tener controlado un club que había hecho siempre bandera de la su catalanidad. Se conservan crónicas con discursos de militares antes de los partidos que preconizaban al revés: una supuesta "españolidad del Barça" como, por ejemplo la del partido FC Barcelona - Alaves del 11 de Julio de 1939, en La Vanguardia del día siguiente , que comenzaba así: "Desde que el FC Barcelona fundido en el Movimiento, dispuesto a figurar en la avanzada del resurgir deportivo nacional, ha sido puesto en marcha por la animosa Gestora que lo gobierna, cada jornada, en el hermoso campo azul-grana, resulta una manifestación patriótico-deportiva completa "(...) El consejero nacional señor Giménez Caballero exaltó el sentido del deporte al Servicio de España. Saludó a la representación alavesa, y recordó a la cuarta de Navarra que reconquistó Cataluña, sabiendo que aquí estaba deseándolo, un gran pedazo de España "

Seguiremos por la calle Numancia abajo y giraremos a la derecha para coger la de Berlín. Apenas al hacerlo, nos encontraremos el indicador del km 8.


Km 8 al 9

Lo poco de la calle de Berlín que haremos es bastante llano. Y su continuación, la Avenida de Madrid, pasada la Plaza del Centro, también. Ambos viales dividen los barrios de Les Corts y Sants. No tienen muchas aspectos interesantes. La avenida fue abierta no hace demasiados años, con buenas casas de nueve o diez pisos a ambos lados, y lo único destacable, en mi opinión, es la llanura del terreno y la anchura de la calzada, que en un maratón es cosa siempre de agradecer. Bueno, llana, llana, absolutamente llana, la avenida no lo es: sube un poco, casi nada, al final. Pero ni se nota.

El nombre de la calle sirve para recordar la capital alemana. Y el de la avenida es fácil deducir que le fue puesto para quedar bien con la capital del reino y no por lo que decían hace años algunos malpensados: argumentaban que se lo puso un gobernador de Barcelona durante la dictadura, madridista él, para que, estando tan cerca del campo del Barça, el "Madrid" sirviera de recuerdo perenne a la legión de culés que pasan tan a menudo por aquí.

Estos kilómetros, está visto, van de fútbol ... Mientras vamos corriendo por la Avenida de Madrid, cuando cruzaremos a continuación la calle Galileo -una de los que pertenecen a dos barrios, el de Les Corts y el de Sants- quizás algún ultra-veterano recordará que en este mismo lugar hubo el camp de fútbol del Sants. (¿De ahí que el suelo sea tan llano?). Durante la década de los sesenta, el crecimiento de la ciudad provocaba la apertura de calles nuevas, y una de ellas fue, precisamente, la avenida .. No fue el único campo de deportes del barrio que desapareció por el nuevo urbanismo, pero en este caso le tocó recibir al Sants (Sans entonces), y el que había sido el histórico campo de la calle Galileo cerró el 23 de Febrero de 1964, y el espacio del recinto fue ocupado por la avenida por donde estamos ahora.

Un apunte: por este campo de futbol del barrio desfilaron los mejores equipos nacionales y extranjeros enfrentándose al Sants, que también tuvo jugadores de primera fila. Entre ellos, destacó Emili Perelló, defensa derecho, que fue internacional en el año 1927.

Y mientras avanzamos -seguro que a buen ritmo porque la Avenida de Madrid invita a correr- y a falta de atractivos especiales, quizás sea momento de recordar que de esta avenida se explica una inefable leyenda. Hace años, días antes de un partido entre el Barça y el Madrid, fue pillado un seguidor madridista subido a una escalera. Había estado añadiendo la letra ele a todos los rótulos de la calle que pudo, de modo que se leyera Avenida del Madrid.

Que me disculpe el posible lector sí se ve demasiado -que seguro que si- que Ladislao Kubala fue uno de mis ídolos de la infancia. No se puede hacer nada; ya se sabe que algunos recuerdos perduran. Y es que en el tramo de este kilómetro también debo hablar de él. Este jugador legendario, de quien se dice que entrenaba más tiempo que nadie, solo aunque fuera, cuando los demás ya se habían ido, o que, cuando tenía 66 años, se sometía a un riguroso plan de ejercicio para mantenerse físicamente (40 kilómetros en bicicleta los lunes y 70 el jueves; jugaba al fútbol de veteranos los martes, viernes y domingo, y disputaba tres sets de tenis los miércoles y los sábados), estuvo muy ligado al barrio de Les Corts para donde estamos pasando. Jugó, vivió ... y murió. Aquí se hizo el funeral por su muerte.

Los compañeros despidiendo Kubala. (19 de mayo de 2002)
En el chaflán de la Avenida Madrid con la Rambla del Brasil, poco antes de donde habrá la señal del Km 9, veremos a la derecha un impresionante campanario. Es el de la Iglesia de Santa Tecla, la parroquia donde se celebró la multitudinaria ceremonia de despedida que se le hizo a Kubala en el 2002, y donde centenares de barceloneses coreaban su nombre entre aplausos al salir el féretro por la puerta -justo por delante de la cual estaremos pasando- llena hasta los topes.

Toda la prensa, al día siguiente, abrían las ediciones glosando el personaje. El Mundo Deportivo, al pie de la foto de un amplio reportaje que publicó, decía lo siguiente: "Emoción, aplausos, y gritos de" Kubala, Kubala! Un respetuoso silencio roto sólo por los aplausos de los aficionados que acudieron a la Parroquia de Santa Tecla para dar su último adiós al jugador más importante de la historia del FC Barcelona. Así fue recibido el féretro con los restos mortales de Kubala, tanto a su entrada a la iglesia como a su salida. El ataúd , cubierto por una bandera azulgrana, fue llevado y acompañado por ex compañeros y amigos como Ramallets, Seguer, Basora, Gonzalvo, Luis Suárez, Manchón, Segarra, Di Stefano, Daucik hijo, Vila, Bosch y Bertomeu. Cuando el coche funerario arrancó se escucharon gritos de "Kubala, Kubala!". Fue una tarde con una alta carga emotiva. "


Km 9 al 10

Pasado el Km 9 pronto giraremos a la izquierda cuando encontremos la calle de Sants para hacer, con Creu Coberta después, casi un par de kilómetros con suave bajada, aliñada por algún pequeño tobogán.

La calle de Sants era el centro del que fue un pueblo hasta las postrimerías del siglo XlX, y hoy uno de los barrios más populares y populosos de Barcelona. Con mucha actividad deportiva por cierto. Hablando de una, no puedo dejar de decir que, muy cerca de donde estamos, hay un club histórico: el Mediterrani. De natación básicamente, y especialmente de waterpolo (los olímpicos Dani Ballart y Jordi Sans eran del club), aunque tiene también muchos atletas populares como socios, y algunos de ellos seguro que están corriendo el maratón en este momento. Una curiosidad: el Mediterrani se fundó en el Poble Sec en el 1931, donde permaneció trece años, antes de irse a Sants. Adoptaron el nombre de Mediterrani cuando se creó, porque los fundadores les pareció que no era serio, tratándose de un club de natación, ponerle "Poble Sec" (Pueblo Seco).

Cros de Sants (Agosto de 1934)
Y pasando por Sants, tenemos que hablar de una carrera tradicional del barrio: el Cros Popular de Sants, la prueba atlética que se hace cada octubre por sus calles. Hace más de treinta años que se celebra la carrera -cuesta decirle cros a una prueba que se hace sobre asfalto- y más haría sí no se hubiera suspendido por culpa de la guerra. Porque, en realidad, se celebró por primera vez el año 1934; volvió a hacerse al año siguiente, pero con la maldita contienda del 36 y la posterior dictadura se fue, como tantas cosas, al traste. Se fue a pique hasta que el mismo grupo de gente que la habían creado, los progresistas miembros del Ateneu Enciclopedic Sempre Avant, la recuperó en el año 1978 para felicidad de los que nos gusta esta locura de correr por las calles de Barcelona.

Resumiendo, el lugar por donde estamos pasando tiene una gran tradición cívico-deportiva. Los historiadores dicen que fue en Sants, precisamente, donde el deporte se desarrolló a principios del siglo XX en Barcelona, ​​gracias, curiosamente, a los obreros del barrio, que lo empezaron a practicar como una especie de reivindicación democrática e igualitaria, en un momento en que sólo lo hacía la alta burguesía barcelonesa.

Esto, felizmente, ya es historia, y nosotros, hoy, como hicieron aquellos pioneros de Sants, estaremos corriendo también una prueba atlética. Y poco antes de cruzar la calle de Brasil, nos esperará un punto que ya empieza a  ser bonito, el Km 10.

En su entorno nos darán agua y nos la beberemos. Hagámoslo, sobre todo, aunque no tengamos sed, hagámoslo en todos los avituallamientos. Si en lugar de botellas de agua nos dan vasos, aunque sea más incómodo, hagámoslo. Creedme. (Uno tiene el síndrome de Pigmalión, y tiene tendencia, incluso en un escrito como éste, a dar consejos. Disculpad).


Km 10 al 11

Pasaremos por donde empieza el Cros de Sants, el cruce de la calle mayor con la rambla de Brasil (curiosamente se llama Brasil a la izquierda de la calle de Sants y Badal a la derecha), y quizás no lo veremos porque iremos "por trabajo", pero al pie del edificio de la esquina de la rambla, hay una extraña piedra, de notables dimensiones, de forma troncocónica y descabezada. Está adosada a la fachada de las oficinas de la agencia Mafre, justo en el chaflán, y es un vestigio de muchos años atrás (¿siglos?). "Salva-carros" decían, y servía para que las ruedas de los carruajes, al girar, no chocaran con las casas.

Pocos metros más abajo llegaremos a la Plaza de Sants, donde, además de una escultura que hay en el jardín de la derecha en honor del dios Neptuno - popularmente rebautizada como El Chato desde que con un tiro de piedra unos chavales le rompieron la nariz - veremos a la derecha El Ciclista, un monumento de aluminio alegórico al deporte de la bicicleta.

El Ciclista nos ayudará a recordar que el barrio de Sants ha sido, y sigue siendo, la referencia de este deporte en nuestro país. No en vano, un club de aquí, la Unió Esportiva Sants, es el organizador desde hace muchos años de la Vuelta Ciclista a Cataluña, una emblemática prueba que se celebra desde hace más de cien, que tiene en su haber el que hayan participado grandes nombres del la historia del ciclismo, como Mariano Cañardo que la ganó siete veces, hasta Miguel Indurain que lo hizo en tres ocasiones, pasando por Jacques Anquetil, Miquel Poblet, Luis Ocaña, Francesco Mosser, Eddy Merckx ...

Cotxeres de Sants. Año 1904
Hacia abajo, pasada la plaza, a la altura de las bocas del metro, a la derecha, veremos un edificio emblemático del barrio: Les Cotxeres de Sants. No es muy bonito, la verdad, de hecho era un lugar que servía años atrás para guardar tranvías, pero el emblema le viene por haber sido posible reconvertirlo en un centro cívico, después de que en los años setenta los vecinos las salvaran del derribo con un fuerte movimiento reivindicativo. Algo a lo que están muy acostumbrados los santsenses.

Les Cotxeres son ahora un centro donde se hacen muchas cosas, incluso un maratón. No de las nuestras, sino de cine; de ​​terror concretamente. (Algún día tendremos que quejarnos de que a cualquier evento de una cierta duración le llaman maratón, lo que sirve para confundir al personal ... y restarle mística a la nuestra, la genuina, la verdadera.) Ya lo sabéis, si os queréis hartar de vampiros, zombies, psicópatas, hombres lobo, sangre e hígado, acercaos en otoño, cuando hacen el Maratón de Cine Fantástico y de Terror, en Les Cotxeres de Sants.

Más allá, pasaremos la calle Gaiarre, una calle en honor de un tenor navarro del siglo XIX de portentosa voz, a quien una vez muerto y por encargo de sus fans -permitidme la escalofriante referencia a modo de anécdota - le extrajeron la laringe y se encuentra desde entonces en el Museo de Navarra. Una calle también, donde se fabricaron las primeras zapatillas para correr maratones. Lo hizo Francesc Mates en 1977, un atleta del FC Barcelona desaparecido hace unos años, que era zapatero, en memoria del cual su hija Myrna organiza cada año por Todos los Santos la Cursa de l'Amistat (Montjuïc - Tibidabo) , una de las pruebas más antiguas y queridas de la ciudad.

Un poco más abajo (o arriba porque estaremos en un poco de tobogán), al llegar a la calle Joanot Martorell, se acaba la calle de Sants y empieza la de Creu Coberta. A propósito, hago mención de algo poco conocido, creo, por los que no somos del barrio, y es que en este punto de la unión de las dos calles, pasaba el arroyo Magoria que venía de Collserola -de ahí los dos desniveles del pequeño tobogán- que separaba el núcleo de Hostafrancs y el de Sants. Sí nos fijáramos al pasar, que no lo haremos porque bastante tendremos con lo del ritmo, podríamos ver la subida de la calle Joanot Martorell para encontrar la calle Creu Coberta, construida en lo que era un puente para salvar la riera. Que había un puente lo evidencia la tienda de regalos del chaflán que lleva el nombre de El puente. Una tienda a la que, al parecer viendo el estado del edificio donde está, le queda poco tiempo de vida.

En Creu Coberta veremos a nuestra izquierda, justo a la altura del Km 11, la Alcaldía, un edificio imponente que parece que haya sido extraído de la derecha del Eixample y puesto aquí piedra a piedra. De estilo modernista, tiene, según los entendidos, un alto valor arquitectónico. En mi opinión, sin embargo, su majestuosidad y grandiosidad no liga con las características del conjunto de edificios de viviendas del barrio. Pero como es bonito de ver, nos irá bien mirarlo al pasar, para no preocuparse demasiado si el ritmo que llevamos en este momento es el mejor o no.


Km 11 al 12

Dejaremos Creu Coberta y cogeremos el comienzo de la calle de Consell de Cent, justo por delante, a nuestra derecha, del Mercado de Hostafrancs. Sin las pintorescas paradas de ropa porque hoy es domingo, pero no obstante, como todos los mercados, agradable de mirar, aunque sea de reojo al girar.

Cartel conmemorativo

los primeros 50 años del BAM
Avanzaremos por Consell de Cent y pasaremos un centro educativo de mucho renombre en el barrio, el Joan Pelegrí, un referente también en el baloncesto. En la terraza de la escuela juega el BAM (las siglas del Basquet Ateneu Montserrat) que fue fundado en 1928. No lo he dicho antes, pero Sants, donde hay dos clubes más, el JAC y el BIM, y Hostafrancs, pueden presumir de haber sido la cuna del deporte de la canasta en Cataluña. Y no sólo de hacer una gran labor de promoción; de ellos han salido muchos grandes jugadores, el último de los cuales Roger Grimau el ex ala-base del Barça, que aprendió a jugar en el JAC.

En este momento estaremos en pleno Hostafrancs. El nombre del barrio le viene porque a mediados del siglo XVIII, un campesino rico de la comarca de la Segarra inauguró una fonda y le puso "Hostal de Hostafrancs", el nombre de su pueblo. Con el tiempo, el establecimiento se convirtió en punto de referencia para los forasteros que llegaban a Barcelona por carretera. Les servía para descansar, o para pernoctar una vez cerradas las murallas de la ciudad.

Con cuatro pasos llegaremos a la calle de Tarragona, donde se encuentra el Parque del Escorxador que "ya conocemos" de cuando hemos pasado hace un rato, poco después de la salida. Ahorro hablar del parque para no martirizar al posible lector. Al llegar giraremos a la derecha e iremos a buscar, a cien metros, la calle de Diputación, para pasar por debajo de las Arenas, que "también ya conocemos". Y por este vial, que tiene un nombre que quiere recordar "la Diputación del General", es decir, la Generalitat establecida en 1413, haremos unos 250 metros para encontrar el de Vilamarí (un capitán general de la armada de la corona catalano -aragonesa en el siglo XVI), para bajarlo hasta la Gran Vía, a un tiro de piedra, y antes de girar encontraremos el Km 12.


Km 12 al 13

Cogeremos la Gran Vía a la izquierda - abreviatura del oficial "Gran Vía de les Corts Catalanes" que nadie llama nunca así - para hacer un par de kilómetros hasta el Paseo de Gracia, y más tarde nos la volveremos a encontrar en el Km 23, porque, no en vano, es la calle más larga de la ciudad.

Los nombres de las calles que atravesamos mientras hacemos el kilómetro del 12 al 13 tienen una característica común especial: corresponden todos, uno tras otro, a personajes insignes de la Historia de Cataluña. Poca broma!: Entença, Rocafort, Calabria, Viladomat, Borrell, Urgell, Villarroel y Casanova Poca broma! En este kilómetro, extremadamente llano para nosotros a fin de que nos sea muy placentero hacerlo, nos encontraremos desde un capitán de los almogávares como Berenguer de Entença, hasta defensores de la ciudad de Barcelona como Rafael de Casanova .

Estarán todos los próceres vitoreándonos -al menos su espíritu- en los cruces de la Gran Via. Y si estamos atentos a las vibraciones que nos transmitan, disfrutaremos de un honor más que se añadirá a la retahíla de emociones que estamos experimentando esta mañana del mes de marzo.

Una peculiaridad: durante la época en la que se cambiaron muchos nombres de calles y plazas, los de estos ilustres personajes no nos los tocaron. Únicamente castellanizaron el de Urgell por "Urgel" (quizás porque era la calle más ancha de todos y se hubiera visto demasiado?) Pero el resto no nos los cambiaron, lo cual es de agradecer. Incluso, al de Borrell, no le sacaron la última ele. Aunque no en reconocimiento, los organizadores han pensado que en este punto de la Gran Vía puede ser un buen lugar para recibir una esponja para remojarnos (Km 12,5), y así será.

La Casa Golferics a punto de ser derribada.
A la izquierda de nuestra marcha hay dos interesantes edificios: el de la Casa de la Lactancia, pasada la calle Calabria, y un poco más adelante, la Casa Golferics, en la esquina con Viladomat. El primero es un edificio modernista de buen ver. Fue un centro de beneficencia con la misión de "repartir leche entre los niños de las familias pobres", que se construyó a principios del siglo XX. Ahora es un geriátrico. El segundo, la Casa Golferics, conocido también como El Chalet, es una bonita villa modernista que fue construida en 1901 para vivienda de un señor forrado de dinero, Macari Golferichs, que comerciaba con maderas (quizás por esto la casa tiene tanta). El Chalet las ha pasado de todas: Macari y su familia vivieron unos años, los negocios mermaron y se la vendió a las Dominicas de la Presentación que la convirtieron en una escuela religiosa. Durante la guerra, las Juventudes Revolucionarias la confiscaron para hacer una universidad popular. Terminada la guerra, las monjas la recuperaron, y en los años setenta se la vendieron a Nuñez y Navarro para hacer pisos (ya se sabe que esta constructora tiene auténtica obsesión por los chaflanes). Estuvo a punto de ser derribada, pero los vecinos del barrio hicieron una intensa campaña para evitarlo. Lo consiguieron, y desde 1989, tras ser restaurada, la Casa Golferics es un centro cívico extremadamente activo. Es muy agradable de ver: recomiendo echarle un vistazo, por más rápido que se vaya por este punto de la Gran Via.

Otra curiosidad que constataremos al pasar: la Gran Vía es una calle donde hay muchos geriátricos en los pisos de las primeras plantas -los principales se llaman en el Eixample- de muchas casas. Es casi seguro que veremos como más de un anciano o anciana estará en la ventana viéndonos correr, emocionados; casi tan emocionados como cuando hay alguna manifestación ciudadana por esta misma calle y se les ve sacando la cabeza por celebrar el paso.

Lo que no veremos, porque sólo son los días antes de Reyes, es la Feria de Navidad que se instala a ambos lados de casi todo el tramo de la Gran Vía donde estamos. Cabe mencionarlo porque durante aquellos días le dan un sabor especial y la echaremos de menos. Aunque hay que decir que ya no es tan entrañable como era hace años, cuando en lugar de los objetos de artesanía que es lo que hay ahora, lo que se encontraba eran toneladas de juguetes el día 5 de enero, hasta altas horas de la madrugada, para los reyes atrasados.

Algo que hay que decir es que durante el maratón, y especialmente al pasar por la Gran Vía, podremos apreciar  un elemento muy característico de la ciudad: los plátanos a ambos lados de la calzada (los plátanos o los almeces, que es el tipo de árbol que les está sustituyendo). Unos árboles que suponen un extraordinario complemento a la armonía arquitectónica del Eixample por donde estamos corriendo. Verlos durante tanto tiempo del recorrido, seguro que nos ayudará. Y estaremos de acuerdo con el famoso arquitecto y urbanista barcelonés, Oriol Bohigas, cuando dice al referirse a él: "No hay duda que las mejores imágenes de Barcelona incluyen el esplendor primaveral de la arboleda del Eixample cuando se transforma en interminables túneles verdes. "

Y así, por un túnel tan agradable, llegaremos fácilmente, como aquel que dice, al indicador del km 13, que nos lo encontraremos al llegar a la calle Casanova, pasado Ca l'Escribà, a la derecha de nuestro paso, una de las mejores pastelerías de Barcelona.


Km 13 al 14

Por la Gran Vía donde venimos -no sé si, habiendo pasado casi un tercio de la maratón, ya hemos comenzado a embalarnos-   habremos pasado el Km 13 al lado de Casanova, y un poco más allá nos encontraremos con La Universitat en la plaza que le da nombre.

El edificio de esta antigua universidad, en la que todavía se imparten algunas carreras como las de Filología y Matemáticas, es obra del arquitecto Elies Rogent. Se terminó de construir en el año 1870, aunque la Universidad de Barcelona, ​​como institución, fue fundada en el año 1450 -es decir que existe desde el siglo XV-. Ocurre, sin embargo, que estuvo ubicada en varios lugares: en la calle del Carmen, desde donde se trasladó a la plaza por donde estamos pasando, o antes en la Rambla, en el edificio del que ahora es el teatro Poliorama, desde de donde, en el 1714, y para estar cien años, fue enviada por Felipe V un poco lejos: al pueblo de Cervera.

Libro de horas. Siglo XVI. Bublioteca de la Universidad.  
Para mi gusto, la fachada de La Universitat es muy austera y sin mucho atractivo, pero su interior (hoy no entraremos a verlo porque estamos en otro asunto) es extraordinario. El paraninfo es magnífico, y tienen mucho encanto los jardines, el claustro, e incluso las mismas aulas por donde han pasado ilustres personajes de la cultura de nuestra casa. Un elemento muy preciado es su biblioteca, la tercera de España en número de libros incunables. Tiene 783, noventiuno de los cuales no se encuentran en ninguna otra biblioteca del Estado, y cuatro de ellos son únicos en el mundo. El más antiguo, de 1465.

A pocos metros, y pasada la calle Balmes, que cierra la relación de calles con nombres de insignes catalanes que hemos ido cruzando desde que hemos tomado la Gran Vía, veremos un poco escondido, un monumento abstracto compuesto por ocho barras metálicas y llamado Encaix (Encaje), en medio del paseo de la izquierda. Fue erigido en memoria de las víctimas de un trágico bombardeo que tuvo lugar durante la Guerra Civil aquí mismo. Bueno, aquí mismo no, un poco antes, en la esquina con Balmes. No se sabe porqué, está, medio oculto por los árboles, justo delante del cine Coliseum.

El Coliseum es un cine que ahora, con la crisis del cine, se ha convertido en teatro aprovechando el repentino interés reciente de los barceloneses por el arte de Talía. Se inauguró en 1923 como cine, y aunque se proyectaban películas de todo tipo, uno no puede evitar asimilarlo con aquel que hace años estrenaba casi siempre películas de romanos como Sansón y Dalila, Los diez Mandamientos, Cleopatra, o de otras por el estilo, que eran anunciadas con miles de bombillas en la fachada, que rodeaban los carteles con las imágenes de los protagonistas.

Y hablando de cine, una curiosidad: el tramo de la Gran Vía por el que estamos haciendo este kilómetro es el trozo de calle donde ha habido más cines de Barcelona por metro cuadrado. Concretamente se han construido 10 a lo largo del tiempo, de los cuales quedan cuatro, todos, por cierto, en el lado izquierdo de nuestro camino: Aribau Club (antiguo Dorado), Coliseum y Comedia.

"Toro meditando" Gran Vía - Rambla Catalunya
Un poco más allá cruzaremos la Rambla Catalunya. Si hace buen día y miramos de reojo a la izquierda, veremos el Tibidabo arriba del todo, y si no y en cualquier caso, en primer término, una pequeña escultura de arte no figurativo de un humorístico Toro meditando. Es una de las llamadas "esculturas irónicas" de Josep Granyer. Hay otra del mismo artista en lo alto de la misma Rambla, junto a la Diagonal, que es una jirafa que lleva el nombre de "La coqueta", en alusión festiva, según el autor, a una hermana de Napoleón Bonaparte). Esta del toro que está pensando dicen que ironiza sobre la famosa escultura "El pensador" de Rodin. No se sabe si se confundieron de escultura, pero hace unos años, en noviembre de 2006, la policía pilló a tres ladrones que lo habían desmontado del pedestal y lo cargaban a una furgoneta. Y al cruzar la Rambla, bordeando una pequeña fuente circular con cuatro angelitos encima de unos delfines, obra de Frederic Marès-un escultor que tiene muchas piezas en Barcelona - si miramos a la derecha, veremos un poco de la Plaza Catalunya. (Más tarde, en el km 37 la veremos mejor ... o peor, dependiendo de cómo lleguemos)

Dejaremos la Gran Vía al llegar al Paseo de Gracia y giraremos a la izquierda, donde hay otra fuente circular, mayor que la anterior pero sin ningún interés durante el día (por la noche está iluminada y luce más).

Al girar, vale la pena dar un vistazo a otra singular escultura que hay a la izquierda y que es el Homenaje al Libro. Un libro medio abierto, inspirado por el poeta transgresor Joan Brossa, que él llamó "Poema Visual".Quizás veremos algún libro de verdad depositado por alguien encima de la base, porque el lugar ha sido uno de los preferidos por los amantes del book crossing (como se sabe, una costumbre urbana que consiste en dejar un libro en cualquier lugar de la ciudad para que otro lo coja y lo lea). Está al final de los Jardinets de la Reina Victoria, un pequeño parterre entre Rambla Catalunya y Paseo de Gracia por el lado del cual hemos pasado, y ante el Cine Comedia, un suntuoso edificio que fue un palacio, más tarde un teatro, y finalmente una sala multicines.

A propósito del Comedia: cuando era un teatro representaron "La Ratonera" de Agatha Chistie, la obra que hacen en Londres desde hace más de 50 años en el mismo local. Ella vino al estreno poco tiempo después de haberse casado en segundas nupcias con un arqueólogo, y aquí, en Barcelona, ​​dijo una frase sobre su matrimonio que resultó célebre: "Me casé por una razón: las mujeres que se casan con un arqueólogo tienen mucha suerte: cuantos más años hacen, más gustan a sus maridos "

Recordar la ingeniosa señora que escribía novelas policíacas como nadie nos irá bien. Sí, porque durante los últimos kilómetros hemos ido bajando y llaneando, pero ahora habrá acabado tanta placidez y empezaremos la subida, aunque muy suave, por el magnífico y señorial Paseo de Gracia, la calle donde vivía la alta burguesía catalana de principios del siglo XX, y en el que el modernismo está muy presente como iremos viendo.

Y subiendo por el paseo, a la altura de la calle Diputación, debajo de una de aquellas farolas empotradas en unos bancos de piedra que todos decimos que son de Gaudí pero que no lo son, encontraremos el Km 14.


Km 14 al 15

El Paseo de Gracia por donde estamos subiendo, es el epicentro de la derecha del Eixample, el espacio urbano en el que habremos entrado a partir de la calle Balmes hace un momento, que lo divide. La parte izquierda es donde se construyeron los servicios de la ciudad (Hospital Clínic, Bomberos, Cárcel Modelo ...) desde que Cerdà lo diseñó, y la parte derecha ... bien, la derecha es la derecha en todas partes, y las mejores viviendas y edificios de la época están en la derecha del Eixample. Y todavía ahora, el metro cuadrado más caro de Barcelona está aquí, en este lugar donde justamente estamos corriendo.

Familia burguesa por el Paseo de Gracia. Año 1911
Desde siempre, el Paseo de Gracia ha sido una calle que da prestigio a quien se instala. Lo saben muy bien la gente de la moda y por eso están presentes las boutiques de las mejores marcas, desde la de Loewe hasta la de Armani pasando por la de Chanel, Ives Saint-Laurent, Hermes, Valentino ... , todo el glamour del mundo se concentra aquí. Unas marcas, por cierto, que aunque hacen descuentos para las rebajas de enero -hasta el 50% y todo, como todo el mundo- no suelen publicitarse las mucho. Lo hacen de una manera muy discreta, sin que se vea en los escaparates, ya se sabe, como hay que hacerlo para la alta burguesía ...

En este maratón, será un privilegio poder correr por las calzadas centrales de muchas calles en lugar de los vehículos. Por el Paseo de Gracia también, y lo haremos precisamente por el mismo espacio donde los burgueses de principios del XX paseaban mientras se miraban y se dejaban mirar, hasta que los coches los echaron. Nosotros, al menos por un día, nos vengaremos de lo que les hicieron.

En el tramo que estamos haciendo por el paseo veremos las muestras más apreciadas y significativas del modernismo catalán. Aparte de los espléndidos y característicos bancos y farolas del paseo -diseñados por el arquitecto Falqué pero a menudo atribuidos erróneamente a Gaudí por su estilo - nos encontraremos, a la izquierda, a unos doscientos metros de la señal del Km 14 , con los edificios de las magníficas Casa Lleó Morera, Casa Amatller y Casa Batlló, que forman parte de la famosa Manzana de la Discordia, cien metros de verdadero centro simbólico del Modernismo.

Un apunte: se le dice Manzana de la Discordia como referencia a una pelea entre tres bellas mujeres que, según la mitología griega, hizo estallar la Guerra de Troya. En este punto por donde estamos pasando -mirando de reojo las tres casas para relajarnos- sucedió lo mismo cuando se construyeron: los que debían ser propietarios querían tener mejor vivienda que el vecino para mostrar que tenían más dinero. Y así, Lleó Morera, que era un campesino muy rico, se lo encomendó a Domenech i Montaner, el señor Ametller, un fabricante de chocolate, a otro ya famoso arquitecto, Puig i Cadafalch, y el señor Batlló, fabricante de tejidos, ni más ni menos que a Antoni Gaudí. Y ocurrió, también, que los tres arquitectos rivalizaron a muerte entre sí para ver quién era el más sofisticado e ingenioso. Y ciertamente, el resultado fue que las tres casas son verdaderas obras de arte. Nos irá bien, de reojo aunque sea, hacer una mirada mientras subimos.

La Casa Batlló
De las tres casas, la que resultó más lucida para todos, es la última, la Casa Batlló (lástima que al lado, junto a Aragón, tiene pegada una de vulgar, más alta, que le resta perspectiva) . Lo mejor, especialmente, es su fachada, el significado ha sido siempre motivo de discusiones. Algunos que entienden dicen que el objetivo de Gaudí fue edificar una loa a la leyenda de Sant Jordi, de manera que la parte de arriba sería el lomo del dragón; la torreta simbolizaría la lanza del guerrero, y los balcones de hierro representarían los restos de las comidas del dragón vencido. ¡Hay que ver las cosas que ven los expertos, porque otra versión dice que es una alegoría de la fiesta del Carnaval: la azotea sería un gorro de arlequín, los balcones, las máscaras de baile, y la cascada multicolor de cerámica de la fachada sería el confeti de la fiesta. Ahí es nada!

Por cierto, como delante de estas casas siempre hay un montón de turistas japoneses haciendo fotos de todo lo que se ve y lo que no se ve, no sería nada de extraño que aficionados como son a los maratones, también nos hicieran más de una a nosotros mientras pasamos.

Y siguiendo arriba, nos toparemos con otro icono de la ciudad: La Pedrera, obra que Gaudí realizó entre el año 1906 y 1910 por encargo de la familia Milà (parientes de la Mercedes Milá del Gran Hermano), considerado como uno de los más imaginativos edificios de la arquitectura mundial, porque más que una casa de viviendas es una especie de escultura; una armoniosa masa de piedra ondulante sin ninguna línea recta, reconocida por la Unesco como "Patrimonio de la Humanidad". Hay que decir, sin embargo, que La Pedrera fue muy criticada en la época en que fue construida. Se explican anécdotas - quién sabe si del todo ciertas - como la del político francés Clemenceau, que al verla volvió asustado hacia París sin ni siquiera pronunciar la conferencia para la que había venido, y al llegar a Francia
La Pedrera cuando se construía.
esparcir la leyenda de que en Barcelona se construían "maisons pour  dragoons" (casas para dragones). O como la de los dolores de cabeza de una inquilina por querer poner un piano en el piso y no poder hacerlo por la falta de paredes rectas - lo cierto es que no hay ni una y no se puede colgar ni un cuadro - que le sirvió al poeta Josep Carner para escribir un verso ironizando ello:


"En Gaudí mira el saló amb aquella atenció.
Ressegueix tots els indrets i mesura les parets.
D’un brocat alça les gires i separa cinc cadires.
I aleshores, somrient, va movent el cap d’argent.
La senyora, esperançada, va a saber-li l’empescada.
“- Tanmateix, senyor Gaudí! Digui, digui, ja pot dir.”
Don Antoni, amb la mà dreta, es rascava la barbeta.
“- És vostè, diu molt atent, qui es dedica a l’instrument?”
La senyora que li explica “- Oh, veurà, toco una mica.”
I va dir el senyor Gaudí: “- Doncs miri, toqui el violí.”


("Gaudí mira el salón con aquella atención.
Recorre todos los lugares y mide las paredes.
De un brocado alza las giras y separa cinco sillas.
Y entonces, sonriente, va moviendo la cabeza de plata.
La señora, esperanzada, trata de convencerle.
"- Sin embargo, señor Gaudí! Diga, diga, ya puede decir. "
Don Antonio, con la mano derecha, se rascaba la barbilla.
"- Es usted, dice muy atento, quien se dedica al instrumento?"
La señora que le explica "- ¡Oh, verá, toco un poco."
Y dijo el señor Gaudí: "- Pues mire, toque el violín.")

Pasada La Pedrera, al llegar a la calle de Rosselló dejaremos el Paseo de Gracia y giraremos a la derecha. Justamente al girar, en el chaflán del paseo con Rosselló, está la joyería de lujo Pomellato, que hasta hace unos años era un restaurante de los más antiguos de la ciudad. El establecimiento abrió sus puertas a principios del siglo XX con el nombre de La Puñalada, y se dice que los dueños le pusieron así porque los precios de los platos eran muy caros, y quisieron, humorísticamente, advertirlo a los posibles clientes . Como sea, el local se convirtió en uno de los más concurridos de la Barcelona de entonces, donde se reunían los intelectuales de la ciudad para hacer tertulia, al frente de la cual Santiago Rusiñol, el famoso poeta, pintor, escritor y dramaturgo.

Avanzaremos por Rosselló y a la altura de la calle del eclesiástico Pau Claris, muy poco antes de cruzar la Diagonal, nos encontraremos con un indicador importante, un número que da gusto quiero decir: el del Km 15.


Km 15 al 16

Pasado el indicador del 15 atravesaremos por Rosselló la calle de Llúria en la confluencia con la Diagonal. A propósito de Llúria, debemos decir que nosotros (de igual manera que hacen los ganadores de las guerras, es decir que "el que esté libre de pecado que tire la primera piedra ...") catalanizamos el nombre de este almirante de la Corona de Aragón y Cataluña de origen calabrés. Como conquistó muchas tierras, nos lo hicimos nuestro. Se llamaba "Rogerio de Loria", y le joder "Roger de Llúria", y así ha quedado. Mejor dicho, se ha quedado "Llúria" básicamente. Lo cierto es que lo honramos con una calle (y con una señal kilométrica del maratón), pero por lo que dicen sus biógrafos, era un tipo de cuidado.

Panel de La Casa de Les Punxes en la calle de Rosselló.
Al cruzar la Diagonal pasaremos por delante de otro espectacular edificio de Barcelona a nuestra derecha: Can Terrades, la casa de las tres hermanas Terrades, llamada popularmente La Casa de les Punxes, que ocupa toda una manzana.

La obra es de Puig i Cadafalch y se conoce de siempre como La Casa de les Punxes por las agujas de las torres de su tejado. En su momento fue la residencia de tres hijas de un banquero, que se las quiso dejar como parte de su herencia. Como pasaremos corriendo no nos podremos fijar demasiado, pero llaman la atención los paneles de cerámica de colores que hay en la fachada con temas patrióticos. El más significativo de todos es precisamente el de la calle Rosselló, con un Sant Jordi y una franja que dice textualmente: " Sant Jordi, patró de Catalunya, doneu-nos la llibertat" ("Sant Jordi, patrón de Cataluña, devolvednos la libertad"). Extrañamente, el rótulo no fue eliminado por los censores de la posguerra y quedó en su lugar durante toda la dictadura, tal vez porque consideraron que tenía connotaciones religiosas ... o porque está muy en lo alto y no lo vieron.

Seguiremos por la calle Rosselló y cruzaremos las calles de Bruc, Gerona, Bailén...hasta el Paseo de San Juan, para hacer este kilómetro llaneando.

Atención: es verdad que por este lugar, y por muchos otros del circuito, se llanea. Pero cuidado, nos daremos cuenta, corriendo por Barcelona, ​​que la ciudad está llena de desniveles para superar lo que eran los cauces de los torrentes y rieras. Nos daremos cuenta -en coche no se nota- que el Eixample se construyó y urbanizó sobre un llano lleno de cauces. De tal manera que alguno de ellos, especialmente las "ramblas" y los "paseos", y no digamos las calles que llevan el nombre de "Torrent de ..." o "Riera ..." lo eran.

Bueno, a lo que voy es que algunas calles tienen un desnivel (ligera bajada y ligera subida que conforma el cauce) al acercarse y al superarlo. Nada importante, casi imperceptible, pero que en algunos casos nos puede extrañar comprobar que en un tramo que nos parece plano, el reloj nos marca unos segundos más de la cuenta (aunque nos parezca que mantenemos el ritmo) por los pequeños toboganes que pueda haber. Quiero decir que nos marque más tiempo que el de otro tramo que realmente sea absolutamente llano.

Barcelona era un lugar lleno de rieras y torrentes hasta el siglo XVIII,

De torrentes, arroyos y riachuelos había unos cuantos en Barcelona hasta los siglos XVIII-XIX, y algunas calles transversales y paralelas al mar tienen ligeros desniveles, aunque nos parezcan planos. Sí corremos tantas horas como hoy, cualquiera de estas pequeñas desigualdades que se forman en el que en un día fueron los cauces por donde pasaba agua, suponen pequeñas bajadas y subidas. Conviene tenerlo en cuenta: hoy correremos por encima de unas cuantas, algunas ni las notaremos, pero están ahí.

Esto es patente en el enclave de Rosselló-Paseo de San Juan. (De hecho, el nombre del paseo le viene porque antiguamente pasaba la Riera de Sant Joan). Muy suave el tobogancito, pero está. En cualquier caso, éste no lo haremos; dejaremos Rosellón y subiremos por el Paseo de San Juan en suave subida y agradable entorno (árboles frondosos, jardines, parques infantiles, la Fuente de Hércules en el cruce con Córcega, que según dicen es uno de los monumentos más antiguos de la ciudad) hasta la calle Industria, dos calles más arriba. Y casi al girar hacia la derecha, nos encontraremos el indicador del Km 16


Km 16 al 17

Ahora me doy cuenta que a pesar de que he dicho en algún momento que al correr una maratón no hay que preocuparse por el tiempo -especialmente los que la hacen por primera vez- en el kilómetro anterior no he hablado de otra cosa que de lo que se puede perder por culpa de los pequeños desniveles del suelo de Barcelona. No hagais demasiado caso: está visto que esto del crono es una pesadilla ... Pero quizás nos puede servir incluso de entretenimiento -que siempre es bueno en una prueba tan larga- el ver sí podemos apreciar, mientras corremos, sí hay o no desniveles en todas las confluencias del circuito.

Continuando por la calle Industria, pasaremos, a nuestra izquierda, un gran edificio de obra vista, característico de finales del XIX, que nos llamará la atención: fue una fábrica de tejidos que llegó a tener mil obreros y fue de las primeras de Europa en producir seda. De ahí que fuera conocida popularmente como La Sedeta, un nombre que conserva actualmente, convertido, después de muchos años de reivindicación por parte de los vecinos, en un centro cívico y un instituto de secundaria.

Una manzana más allá de la Sedeta, giraremos a la derecha para bajar por Cerdeña, camino de la Sagrada Familia. No la veremos todavía, pero la intuiremos, al menos por la cantidad de guiris que encontraremos acercándose, embelesados ​​por lo que les han explicado que verán. Irán como ciegos; algunos nos aplaudirán al pasar, pero la mayoría estarán sublimados por la emoción de ver la épica obra de Gaudí, ausentes de nuestra épica, e incluso sin darse cuenta de las pancartas de los vecinos que hay por la zona reclamando, además, que el Ave pase por el litoral.

Pronto tendremos a nuestro alcance la Sagrada Familia, la obra más representativa de Antoni Gaudí iniciada el año 1882, todavía inacabada ... y va para largo.

Entorno de La Sagrada Familia el año 1915
La Sagrada Familia tiene una calidad arquitectónica espectacular, y es un edificio - si se puede llamar así- que deja boquiabierto siempre que pases por delante. Y a nosotros, hoy, que pasaremos corriendo tan cerca, seguro que volverá a impresionarnos, no sé si tanto, pero, como a los miles de extranjeros que hay cada día mirando hacia arriba.

La obra ha sido alabada por todos, aunque hay que decir que hay a quien le resulta extraña, tétrica, lúgubre ... poco de acuerdo con lo que se espera de un templo. De todas formas es lo que debía pretender el mismo Gaudí -un hombre del que se dice que era taciturno y de religiosidad obsesiva - porque poco antes de su muerte le dijo a su amigo y biógrafo Joan Bergós unas cosas que me parecen muy significativas. Fijémonos: "Puede que alguien encuentre demasiado extravagante esta fachada de La Pasión, pero quisiera que llegara a dar miedo, y, para conseguirlo, no escatimaré el claroscuro, los elementos salientes y los vaciados, todo lo que resulte del más tétrico efecto. "

La Sagrada Familia es impresionante. También es desigual. Lo es debido a la intervención de diferentes arquitectos y escultores que ha tenido su construcción a lo largo de más de cien años. Las imágenes y figuras del escultor actual, Josep Maria Subirachs, encargado desde 1987 de hacerlas- que trabajó y vivió en un pequeño y modesto vivienda del interior del propio templo, de igual manera que lo hizo Gaudí- han sido siempre muy discutidas. Algunos le critican las formas cubistas de las esculturas, muy alejadas de la idea original, incluso, dicen, con la inclusión de la figura del propio Gaudí en un lugar de la fachada.

Cuadro Mágico en la Sagrada Familia
Para acabarlo de arreglar, Subirachs ha puesto un Cuadrado Mágico. junto a la escultura del Beso de Judas. No nos entretendremos hoy, pero si lo vemos, hay que saber que no importa cómo se sumen los números que hay en el Cuadrado el resultado es 33, la edad de Cristo. De izquierda a derecha, hacia abajo, hacia arriba, en diagonal ... siempre acabas con el resultado de 33. Uno no sabe muy bien que hace aquí, aunque dicen que las diferentes culturas de muchos pueblos (indios, egipcios, árabes y griegos) han atribuido propiedades astrológicas y divinas a estos tipos de cuadrados.

También hay quien opina que Subirachs ha captado el dramatismo y la visión nacionalista y catalanista que quería Gaudí-yo no lo veo pero hay quien dice que las torres recuerdan los castellers - como se aprecia en la puerta principal del templo, donde figura un panel con el poema del libro "La pell de brau" ( "La piel de toro") de Salvador Espriu:


"A vegades és necessari i forçós
que un home mori per un poble,
però mai no ha de morir tot un poble
per un home sol".


("A veces es necesario y forzoso
que un hombre muera por un pueblo,
pero nunca ha de morir todo un pueblo
por un hombre solo ".)

Tendremos tiempo suficiente para juzgarlo todo una vez más, porque por muy rápido que sea nuestro ritmo, veremos muy bien el imponente monumento durante un rato. Incluso, quizá se nos pasará por alto que a su altura habrá la señal del Km 17


Km 17 al 18

Acabaremos de bajar por Cerdeña y cogeremos la calle de Valencia a la izquierda. Haremos casi un kilómetro, es decir que cada uno de nosotros tendrá tiempo de sobra para hacer las consideraciones que quiera sobre las sensaciones que le ha provocado la visión de un monumento tan impresionante como el de la Sagrada Familia.

Un apunte que añade materia a la famosa controversia sobre la fidelidad de la construcción en el proyecto: debido a la variedad de arquitectos que se han hecho cargo, desde que Antoni Gaudí murió atropellado por un tranvía en la Gran Vía el año 1927, se han encargado 6 hasta ahora. Por otra parte, se dice que Gaudí no hacía muchos planos de la obra. Algún biógrafo han escrito que "(...)" No hacía planos porque era inútil, ya que era imposible entenderlos. Trabajaba por partes, y los pocos planos que hizo, se quemaron durante la Guerra ... "

Más leña al fuego: a menudo, el famoso arquitecto y urbanista Oriol Bohigas, acérrimo detractor de la Sagrada Familia, reclama parar la continuación de las obras. Afirma que "Sin Gaudí no se pueden seguir". No es el único arquitecto que lo dice, ocurre, no obstante,  que el señor Bohigas es el más radical de todos. Incluso  afirmó, cuando se le preguntó qué le parece la obra, que "... es un buñuelo solemne de la arquitectura catalana".

Vayamos pensando con todo ello mientras vamos corriendo por la calle Valencia. Aunque es llana, nos ayudará.

Y también nos puede ayudar a aliviar la dificultad de conseguir nuestra particular obra de hoy, entretenernos en pensar en otra controversia: la que se suscitó por la construcción del túnel del AVE por debajo del suelo de por donde estamos pasando. Había gente que decía que tenía miedo porque podía afectar a los cimientos del templo. Los técnicos aseguraban que no pasaría nada, como así fue, pero los vecinos no lo creían así, y algunos decían que sólo faltaría que "se nos cayera por culpa del túnel y tuviéramos que esperar 150 años más para verla terminada ".

También nos puede ayudar, el recordar - especialmente los que lo hayan hecho alguna vez - que en el lugar se celebra la Milla Sagrada Familia. Aunque no es una prueba propia de fondistas, no sería de extrañar que hubiera alguno de los que corren hoy que haya participado. Y en cualquier caso, vale la pena decir que es una carrera que se hace cada año en abril, por la Fiesta Mayor del barrio, y más de 2.000 corredores y corredoras corren las diversas millas que se hacen, para todas las edades y categorías, en un circuito en torno a las tres manzanas que forman el Templo y las plazas Sagrada Familia y Gaudí, que incluye dos subidas por calle Sicilia.

Los Encants Nous. Año 1931
En la mitad de este tramo de la calle Valencia, entre la calle Cartagena y Dos de Mayo, veremos a nuestra derecha un curioso edificio de varias casas de vecinos, los bajos de las cuales albergan un mercado de todo tipo de objetos para el hogar, ropa, herramientas ... donde se pueden encontrar algunas gangas. Es Els Encants Nous (Los Encantes Nuevos) -no confundir esta galería comercial con Els Encants Vells (Viejos) que están bastante más abajo, a la intemperie, en la Plaza de Las Glorias- y están aquí desde hace más de setenta años. Bastante decadente actualmente, puede decirse que fue una de las primeras de las superficies comerciales que existieron en Barcelona, ​​una especie de illa Diagonal, vaya, que tenía mucho éxito en la mitad del siglo pasado. Incluso tiene una parada de metro de la línea 2 con su nombre, "Encants".

Y pasados ​​los Encants, al cabo de cien metros, veremos el indicador del Km 18. Un número que nos dará confianza, no en vano es a los 18 cuando se adquiere la mayoría de edad.


Km 18 al 19

Avanzando, casi al final de este kilómetro por la calle Valencia, llegando a la Meridiana, algunos recordaremos que por este mismo punto pasamos en noviembre cuando corremos una carrera histórica y entrañable: la Cursa Popular del Clot-Camp de l'Arpa. Histórica porque hace más de 30 años que se celebra, y entrañable porque es una de esas pruebas populares de barrio, donde todos los vecinos ponen el cuello para que salga bien ... y hace más de 30 años que lo consiguen!

Valencia / Meridiana. Año 1920
No seguiremos por la calle Valencia cuando encontramos la Avenida Meridiana como lo hacemos en la Cursa del Clot-Camp de l'Arpa. Abandonaremos la calle cuando lleguemos a la avenida, y la subiremos, a la izquierda.

Al comenzar habremos dejado el barrio del Clot y entraremos en el pequeño barrio de Navas del distrito de Sant Andreu. La zona no se empezó a urbanizar hasta terminada la guerra; pasaba el tren por medio y tardó tiempo en que hubiera casas; los había, pero muy pocas.

Uno de los edificios que veremos y nos llamará la atención será el de la Parroquia de San Juan Bosco, a la izquierda de nuestro paso, pasada la calle Vizcaya. Es una iglesia de hace unos cuarenta años, que tiene una construcción bastante original como veremos: una mezcla de una especie de pirámides de diferentes tamaños, con tejados de chapa. No se sabe si la singularidad de la iglesia de San Juan Bosco, fundador de los salesianos, es debido a lo poco convencional que era el santo. Un santo atípico, diríamos, porque era muy aficionado a la magia. Se cuenta que cuando aún era un niño, iba a las ferias de los pueblos a ver los magos. Y tuvo más de un problema con alguno porque les descubría el secreto de los juegos de manos, no quiere decir que fuera por intervención divina. Pero, como sea, hace cosa de cincuenta años lo nombraron patrón de los ilusionistas. Le dieron trabajo, porque ya era patrón del cine y del Cuerpo de Especialistas del Ejercito de Tierra.

Y a la altura de la iglesia encontraremos la señal del Km 19, que vale la pena saber que es un número que "aporta felicidad" según el tarot. (Que conste que un servidor no es aficionado a la cartomancia, pero hoy nos conviene animarnos en todo momento)


Km 19 al 20

Siguiendo por Meridiana (iba a poner subiendo, pero no, quizá es por un efecto óptico, pero la Meridiana es bastante llana) veremos a la izquierda un conjunto de casas baratas llamadas popularmente Las casas del Gobernador. Fueron construidas por la Obra Sindical sobre el solar de una antigua tejería e inauguradas poco después de acabarse la guerra por Antonio Correa, uno de los primeros gobernadores de Barcelona de aquella época de aciaga memoria.

Si no las vemos no nos habremos perdido nada. La referencia ha sido sólo para hacer un poco de cotilleo y decir que, del señor gobernador civil se explicaba cosas de todos colores; la más benigna era que los domingos iba nada menos que a 3 misas: a las once, a las doce y a la una. Algunos decían que lo hacía porque era muy religioso, pero otros -los que más- opinaban en voz baja -muy baja- que como que le gustaba sobremanera salir en los periódicos, lo hacía para que apareciera su foto, cuantas más veces mejor, en la prensa del lunes.

A no ser que seamos del grupo delantero de la maratón (yo no, tú, amigo lector, no lo sé), pronto veremos que hay quien baja en sentido contrario al nuestro y se desvía por la calle de Felipe II. Nosotros tenemos que seguir un poco más hacia arriba (es un decir, porque ya hemos quedado que la Meridiana casi no sube) y ya vendremos a buscar esa desviación dentro de un rato.

Atravesaremos la calle de Garcilaso de la Vega, y será momento de recordar el comienzo de un soneto de este poeta, considerado como el primer poeta humanista en lenguaje popular, esperando que no sea una metáfora en este momento de la prueba .. .

"No me podrán quitar el dolorido sentir,
si ya primero no me quitan el sentido "

A lo lejos divisaremos la Sierra de Collserola, y muy cerca, el indicador del Km 20, otro de los carteles que da alegría ver. Ya sé que todavía falta mucho para acabar el maratón, pero la mitad -la media- la tenemos cada vez más cerca, y a partir de entonces todo será restar!


Km 20 al 21

Seguiremos subiendo por la Meridiana (¡qué manía!: Seguiremos llaneando), cruzándonos con los que van delante nuestro y ya han girado al final de la avenida -y saludando a los que conocemos-, y nos encontraremos, a nuestra derecha, el Hipercor.

Ver la montaña, como decíamos, nos dará paz; ver los almacenes nos dará rabia. Sin querer, recordaremos un infausto atentado de hace años. Mejor no pensar en los muertos que hubo. Dejémoslo. Sí me he referido a ello es porque, quieras o no, no nos podemos sustraer a un hecho escalofriante que ocurrió justo al lado de por donde pasaremos, por más que hoy sea un día de fiesta para nosotros. Todo, lo más bonito, y lo más feo, configura nuestra ciudad. Todo, lo más noble, y lo más aberrante, conforma nuestra sociedad.

Decía que lo dejáramos, que no pensáramos con los muertos que hubo, pero quizás, más de uno, entre los que me quiero contar, justo en este punto de nuestra carrera lo recordaremos. Pensar en ello un momento, cuando lleguemos a la Plaza de la Tolerancia, a nuestra derecha, será un pequeño homenaje a los 21 inocentes que perdieron la vida un caluroso día del mes de junio de 1987.

Estaremos en pleno distrito de Sant Andreu; mejor dicho, pasado el Hipercor, en la divisoria de dos barrios: el de La Sagrera a la derecha de la Meridiana, y el distrito de Nou Barris a la izquierda.

El Charles Chaplin auténtico
Nou Barris es un distrito que está compuesto por 13 barrios y no por 9. Uno de los cuales, el de Porta, contiene las pistas de atletismo de Can Dragó, bastante cerca de nuestro camino. Pero no es de eso de lo que quería hablar, sino de una historieta chocante de Nou Barris: al acabar la guerra, y cuando el depurar los nombres de las calles era la afición predilecta de los gobernantes de entonces, le tocó recibir a una de las calles del barrio. La calle llevaba el nombre de Charlot, o sea (aparentemente) el de Charles Chaplin, y le pusieron Padre Rodés. El porqué se cambió es muy sencillo: Charles Chaplin era comunista y el padre Rodés era un cura. Lo divertido del asunto es que los inquisidores, además de serlo, eran unos indocumentados porque el nombre de Charlot en la calle no lo habían puesto durante la República en honor del genial artista sino de un tal Carmelo Tusquellas , un torero barcelonés nacido en 1893 que popularizó las corridas cómicas -las charlotades- utilizando el seudónimo de Charlot.

Llegaremos a lo alto de Meridiana y giraremos a la derecha por Fabra i Puig. La calle de antes de llegar se llama "la Jota". El origen del nombre es curioso: cuando se proyectó, a principios del siglo XX, en el plano de urbanización le pusieron "calle letra J", pero más tarde, cuando todo el mundo le decía "Jota", los vecinos le añadieron "ota" a los rótulos aprovechando la ocasión, y calle de la Jota se ha quedado.

Y justo al llegar a la Rambla de Fabra i Puig -un nombre en honor de dos hermanos, uno de los cuales alcalde de Barcelona durante un año (1922-1923) y el otro, junto con el primero, dueños ambos de una famosa fábrica de hilaturas: la Fabra i Coats- giraremos para hacer 50 metros, hasta Concepción Arenal. Por esta calle pasaremos muy cerca de las instalaciones del Club de Natació de Sant Andreu. Vale la pena referirse a él. Es un club de natación y waterpolo que se fundó hace cuarenta años, y organizan también una carrera popular gratuita por el barrio, la Cursa Popular de Sant Andreu, de 5 km, a la que le cabe el honor, celebrada la primera el año 1979, de ser una de las más antiguas de Barcelona.

El barrio de Sant Andreu de Palomar, donde estaremos en este momento, era en el siglo XIX uno de los pueblos más antiguos de las cercanías de Barcelona antes de anexionársele -no sin dificultades y a regañadientes de sus habitantes- el año 1897 . Se calcula que ya vivían santandreuencs en el siglo X. Y de hecho, la historia de Cataluña sí refiere al recordar que fue en el pueblo donde se sublevaron sus segadores iniciando una guerra que duró doce años, y que más tarde dio nombre al himno del país.

Una bomba de recuerdo, en Sant Andreu.
A propósito de guerras, una curiosidad: cuando giraremos porFabra i Puig para coger Concepción Arenal, estaremos muy cerca de una singularidad que se conserva en la calle de al lado. Incrustado en la pared de un edificio de la calle Sócrates, está el casco de una bomba de cañón que fue lanzada desde Montjuïc por las tropas del brigadier Prim (más tarde general), para reprimir los habitantes de Barcelona y lo que entonces era el pueblo de San Andrés, que estaban en contra de la política económica del momento. No fue la única bomba, cayeron más de mil. Esta, que no estalló, la quiso conservar el dueño de la casa, y una vez desactivada sigue en la fachada. Mucha gente cree que es de la guerra del 36, pero no, el bombardeo desde Montjuïc fue en diciembre de 1842.

Dejando Concepción Arenal (una socióloga y pedagoga que fundó la Cruz Roja en España) , volveremos a encontrar la Avenida de la Meridiana para bajar por el mismo sitio que hemos subido, hasta la calle Felipe II. Una acotación: bajar y subir por la Meridiana es una manera de hablar; ya hemos dicho antes que es más llana de lo que parece. Y en un plis plas llegaremos al Km 21, a la altura de los almacenes Hipercor.


Km 21 al 22

Iremos bajando por la Meridiana rehaciendo el camino que hemos hecho hace unos momentos por la misma avenida, y veremos corredores y corredoras a nuestro lado, que están subiendo, de igual manera que veíamos otros bajando cuando nosotros subíamos. Esta circunstancia del circuito, que también se dará más tarde por la Diagonal cuando estemos en el Poble Nou, tiene su ventaja: mientras subes te permite ver los que ya bajan porque van delante de ti, y puedes ver los que van detrás cuando has girado y el que bajas eres tú, y puedes saludar a unos ya otros sí los conoces. Una recomendación al respecto: es de mala educación atlética saludar de manera demasiado estentórea a los que van detrás de ti y están subiendo. Se puede hacer, debe hacerse, pero prudentemente, sin que se vea que estás muy contento porque a ese o a aquel otro le llevas dos o trescientos metros. Con lo que acabo de decir me he permitido una broma, supongo que se entiende. Me lo he permitido, porque estamos a punto de llegar a la mitad de la prueba y estamos alegres.

Y es que, pasada la calle Garcilaso, unos metros después de los jardines de Wirginia Wolf, la famosa escritora feminista inglesa, nos encontraremos el punto de la media maratón, una señal que no hay que decir que nos llenará de emoción. Miraremos el crono y veremos, seguro, que vamos bien, muy bien. De tiempo, de ánimos, de ritmo, de todo. Y felices como unos niños, seguiremos por la Meridiana, y justo al encontrar la calle de Sant Antoni Maria Claret giraremos a la izquierda noventa grados para bajar por Felipe II, un rey de España del siglo XVI a quien llamaban "El Prudente" aunque se casó cuatro veces; disculpad el chiste.

Atención especial para los que conocen el lugar y saben que por la calle Felip II suben los coches en una sola dirección y nosotros estamos bajando: de manera insólita, iremos en contra dirección por esta calle y algunos otras calles o avenidas. Si vemos señales de tráfico de prohibido el paso - que veremos - no debemos hacerles caso. Hoy ganamos nosotros. y tan pronto habremos girado para bajar, veremos enseguida el indicador del Km 22


Km 22 al 23

Enseguida llegaremos al moderno Puente de Felipe II - Bac de Roda, más conocido, pero, por Puente de Calatrava. La obra fue premiada con el FAD de Arquitectura 1987, y es otro emblema de referencia de Barcelona. Nadie lo conoce por el nombre oficial sino por Puente de Calatrava, que es el nombre de quien lo diseñó, el ​​ingeniero, arquitecto y escultor valenciano, Santiago Calatrava. Nadie le llama por el nombre oficial, quién sabe si para acortar su longitud, o para obviar las referencias regias, no muy apreciadas por los catalanes.

Puente de Calatrava
El puente tiene los rasgos que definen la personalidad de su autor, cuyos trabajos se encuentran por todo el mundo. Además del color blanco, contiene la singularidad de arcos y cables característico de la obra de Calatrava. Otro aspecto que quería su diseñador fue que a diferencia de lo que suele suceder en cualquier puente, quien pasara a pie tuviera un papel protagonista con relación al tráfico. ¿Estaría pensando el hombre, hace más de veinte años, que un día como hoy, 25 de marzo de 2012, el maratón necesitaría un ancho paso para pasar?

Lo que no podía suponer Santiago Calatrava es que desde arriba de su puente se pudiera ver, cómo podremos nosotros hacer mirando a la derecha, otro prodigio arquitectónico como es el último de los altos rascacielos de Barcelona, ​​la impresionante Torre Agbar, por la que pasaremos bien cerca dentro de unos cinco kilómetros. Tampoco, probablemente, que aquí mismo. Donde había hace años la antigua estación de mercancías de la Sagrera, fuera el lugar donde se construye la futura estación del AVE.

Cuidado: Como es de rigor por tratarse de un puente -y bien que lo sabemos los corredores- el de Calatrava también tiene una subida y una bajada, hasta llegar a la calle Guipúzcoa. (¿Porque los puentes son tan "molestos" para los que corremos carreras, donde se nota tanto la subida y nada la bajada?). Y exactamente en medio del puente, antes de empezar a bajarlo, nos encontraremos el indicador del Km 23.


Km 23 al 24

Nadie sabe porque hay algunas calles en la ciudad que de pronto cambian su nombre por otro, aunque son una prolongación. Y en la calle Felip II le pasa lo mismo: adopta el de calle de Bac de Roda pasado el puente.

No nos rompamos la cabeza. La calle Bac de Roda está dedicada en honor de quien fue un campesino acomodado nacido en Roda de Ter el siglo XVll, de nombre Francesc Macià (no confundir con el Presidente de la Generalitat del mismo nombre del siglo pasado) que participó en la defensa de Barcelona contra las tropas borbónicas en el año 1705. Años después combatió en las montañas animando a los catalanes para que resistieran, hasta que, refugiado en una masia de su propiedad, fue traicionado por un amigo que lo denunció y fue colgado en Vic en noviembre de 1713 sin ningún proceso. Una canción popular, "El romance de Bac de Roda", lo recuerda con este final:

“Ja l'en prenen i l'en lliguen 
i a la força l'emportaven.
Quan va ser dalt de la forca
ja va dir eixes paraules:
No em maten per ser traïdor
ni tampoc per ser cap lladre,
sinó perquè he volgut dir
que visqués tota ma pàtria”


("Ya la toman y lo atan
Fragmento del Auca de Bac de Roda.
ya la fuerza lo llevaban.
Cuando estuvo arriba de la horca ya dijo esas palabras:
No me matan por ser traidor
ni tampoco por ser ningún ladrón, sino porque he querido decir que viviera toda mi patria ")

Y llegando a Guipúzcoa desde Bac de Roda, veremos un magnífico y moderno edificio a la derecha, que alberga la Federación Catalana de Baloncesto. Un edificio que al verlo nos hará pensar cómo ha evolucionado este deporte, porque años atrás, toda la Federación cabía en un modestísimo pisito de la calle Casanova.

Habiendo traspasado la Rambla de Guipúzcoa por Bac de Roda seguiremos hacia abajo y cruzaremos la calle Concilio de Trento, nombre de un largo concilio de la iglesia católica en el siglo XVI en el que, entre otras cosas "se reafirmó la excelencia del celibato, y se suprimió el concubinato de los eclesiásticos ", y la calle de Andrade, antes de llegar a la Gran Vía, por donde giraremos a la izquierda. Al llegar tomaremos el lateral mar para hacer un kilómetro hasta la Rambla de Prim. Cuidado que este tramo es, para mí, de los difíciles, no porque no sea llano, que lo es como la palma de la mano, y no muy largo, sino porque es un lugar de un paisaje urbano monótono, con casas de pisos a derecha e izquierda muy alejadas de nosotros, que contrasta con el atractivo de todo el recorrido del maratón.

Más adelante tendremos obviamente la dificultad de la acumulación de kilómetros, pero los lugares tendrán mucho más encanto. En este trozo de la Gran Vía no hay muchos elementos de interés que encontrarnos, porque aunque los dos barrios por la frontera de los cuales estamos corriendo (Sant Martí y Provençals del Poblenou) los tienen, sus centros quedan bastante lejos de nuestro paso. Hay que decir, sin embargo, que hace pocos años se plantaron unas buenas hileras de árboles y se habilitaron unos pequeños espacios de recreo para los niños entre las casas y la derecha de nuestro camino, que servirán para hacérnoslo menos pesado. Como antes no existían, se debe suponer que ha sido hecho especialmente para esto de la maratón ...

Josep Pla.

Decía que este tramo de la Gran Vía puede resultar poco distraído. Claro, sin embargo, que hay muchos corredores y corredoras a quienes les gusta correr por líneas rectas y largas. Aquí se encontrarán a gusto y serán felices. Y todos nos lo sentiremos cuando, a continuación, encontraremos la señal del Km 24, a la altura de la calle de Josep Pla. Cuando pasemos, quizá tendremos una aparición que nos animará: quizás aparecerá en la esquina el gran novelista ampurdanés que, socarrón como era, parecerá que nos mire con esos pequeños ojitos suyos y con la boina bien calada, y sonría al vernos. Seguro que, a pesar de haber sido un escritor capaz de retratar nuestras virtudes y nuestros pecados como nadie, sonreirá al ver que nos estamos dejando la piel en un esfuerzo difícilmente comprensible para él.


Km 24 al 25

Para referirnos a todos los barrios que componen el núcleo de Sant Martí por donde estamos pasando, hay que decir que al otro lado de la Gran Vía, a la izquierda nuestra, hay un barrio lleno de actividad , el de La Verneda, donde llega, muy cerca de donde estamos ahora, la Cursa Popular del Clot-Camp de l'Arpa, la que hemos visto que empezaba cuando estábamos en la calle Valencia.

Uno se da cuenta, a propósito, que son muchas las carreras que se hacen en la ciudad de Barcelona desde hace un tiempo, en total y por lo menos unas treinta al año. Ningún pero, no hay que decirlo, de la importancia de la que estamos haciendo hoy. Esto, si lo pensamos a estas alturas de la prueba, nos motivará.

Seguiremos por la Gran Vía en busca de la Rambla de Prim que está dos calles más allá de Josep Pla, y tendremos ganas de llegar porque lo cierto es que habremos hecho este kilómetro por un lugar poco cálido.Tenemos la esperanza, sin embargo, que entonces se acabará la monotonía. Al encontrarla, giraremos a la derecha para bajarla hasta su final. Hemos dicho, cuando estábamos por el Eixample, que lo que ahora son ramblas, en el pasado eran torrentes o rieras. Pues bien, esta rambla también lo era: se llamaba Riera de Horta y llegaba al mar por lo que hoy es la Rambla de Prim. Y eso, para nosotros, hoy, tiene interés: aunque muy benignos, ya hemos visto que hay pequeños desniveles durante todo el recorrido. La mayoría ni los notaremos, pero están ahí. Ahora, por la rambla, nos toca bajar un poco y estaremos encantados; ya tendremos que subir en algún lugar más tarde. Y es que, claro, el circuito de un maratón no es una pista de atletismo.

Una vez habremos girado por la Rambla de Prim, la decoración que hemos tenido en el último kilómetro y pico cambiará totalmente, porque la rambla en honor de este general y político catalán del siglo XIX es una agradable calle, con cuatro o cinco hileras de árboles de arriba abajo, modernamente urbanizada no hace demasiados años.

Barcelona bombardeada por Prim en 1843. (Grabado)
A propósito del nombre de esta rambla que lleva el nombre del general Prim, resulta sorprendente los honores que le hacemos, porque este militar bombardeó Barcelona en 1843 para sofocar una revuelta ciudadana, eminentemente popular, que pedía cambios políticos. El bombardeo desde Montjuïc, con bombas que caían de manera intermitente-una de las bombas hemos visto que se conserva en la calle Sócrates de Sant Andreu- estaba mandado por quien entonces era el brigadier Prim. Duró 81 días el asedio de las tropas gubernamentales que comandaba, hasta que obligó a la rendición definitiva de Barcelona al gobierno de Madrid. Antes de comenzar a lanzar bombas en la ciudad, fue cuando el hombre pronunció la famosa frase: "O caixa o faixa" ("O caja o faja"), es decir, o la caja para el entierro, o recibir la faja de general. Y se llevó la última: le dieron el fajín de general, y para "pacificar" más tarde otras zonas de Cataluña (Girona también la bombardeó meses después) recibió el título de Conde de Reus y Vizconde del Bruc. Y además de ponerle su nombre a esta rambla, lo honramos con una estatua ecuestre en la entrada del Parque e la Ciutadella. Hay cosas que uno no se explica. Menos mal que la rambla hace bajada ...

La Rambla de Prim es muy bonita y menos mal que lo es, porque el lugar que atraviesa, el Barrio del Suroeste del Besos con el de La Mina al lado, a nuestra izquierda, es uno de los menos favorecidos de la ciudad. (Hay que decirlo porque estos textos no quieren ser una guía turística) 

Es una zona, donde, además de los de La Mina, se edificaron, a la derecha de donde pasaremos, un montón de bloques de viviendas del tipo de construcción urgente hace unos cuarenta y cinco años, unas impulsadas por el entonces llamado Patronato Municipal de la Vivienda a precios asequibles y adjudicadas por sorteo, y otras por la iniciativa privada, un poco más caras y algo más bien hechas. Todas, sin embargo, se alzaron en medio de campos de cultivo, al margen de ninguna previsión, de ningún servicio, de ningún equipamiento público ... Milagro fue que el lugar se hubiera podido desarrollar, dejado de la mano de Dios como estaba , como aquel que dice. La respuesta a las necesidades de los habitantes de la zona vinieron de su propia capacidad de organización y de lucha. Pronto constituyeron una asociación de vecinos que impulsó los primeros servicios escolares del barrio, y consiguieron, aunque muchos años más tarde, los primeros equipamientos públicos y la urbanización del lugar.

Ha llovido mucho desde entonces, y afortunadamente, las cosas han ido cambiando, pero aunque por la Rambla de Prim por donde bajaremos es espléndida, no hay que deslumbrarse: a pocos metros hay muchas carencias.

¿Platero?
Habremos entrado en el Barrio del Besos y enseguida pasaremos por delante de la pequeña Plaza de Zenobia Camprubí, la escritora de Malgrat casada con el poeta Juan Ramón Jiménez, el autor de aquel hermoso y evocador Platero y yo ("Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón ... ") que nos hicieron aprender de memoria en el colegio cuando le concedieron el Premio Nobel, pero ya se nos ha olvidado.

Y más allá de la plazoleta, pasado el lugar donde termina, a nuestra derecha, la calle de Pere IV, veremos el indicador que nos dirá que ya hemos hecho el Km. 25.





Km 25 al 26

Seguiremos bajando por la Rambla de Prim atravesando calles de los relativamente nuevos barrios del Besòs y del Maresme, y es de destacar que, especialmente la parte de abajo de la rambla, donde está el área de Diagonal Mar a la que estamos llegando, se ha transformado - se está transformando - totalmente.

Mientras vamos bajando, veremos de lejos, abajo de todo, el original edificio del Triangle del Fòrum y los modernos edificios del final de la calle. Uno de ellos, el Hotel Barcelona Princess, otro la Torre Diagonal Zero Zero, ambos de una altura impresionante, sirven de señal del inicio de un espacio lleno de inmuebles futuristas, que nos dará gozo mirar.

Castillo de Campo de la Bota
Como contraste, a punto de girar por la Diagonal a la derecha, tendremos que recordar que justo en frente, a la izquierda, estaba el Campo de la Bota, un lugar siniestro y de muy mal nombre para la memoria colectiva, no porque fuera un asentamiento de los franceses cuando nos invadieron hace muchos años, que también, sino porque fue donde fueron fusilados muchos ciudadanos al acabar la Guerra Civil. Entre el año 1939 y en 1952 murieron ejecutadas casi 2.000 personas según algunos historiadores.

También nos vendrá a la memoria que, desde el Castillo del Campo de la Bota y la playa, justo donde ahora está el recinto del Fòrum, estaba el antiguo Barrio de Pekín, un núcleo de barracas donde, alrededor del último cuarto del siglo XIX, se instalaron pescadores chinos que vivían en este terreno en unas condiciones de las que más vale no hablar. En los años veinte del siglo pasado, el espacio fue arrasado por un temporal, pero familias venidas a Barcelona para encontrar trabajo en las obras de la Exposición de 1929  levantaron nuevas barracas.

Bien. Para ayudar a quitar dramatismo al lugar, hay que decir que antes de la guerra, en estos terrenos tuvo el Júpiter su primer campo de fútbol. El Júpiter, un equipo modesto de primera regional actual, es un histórico club fundado en 1909 por unos ingleses que trabajaban en una fábrica del Poblenou. Constituye todo un icono del deporte del fútbol en el barrio por donde estamos también nosotros ahora haciendo otro deporte. Dejadme decir, puestos a hacer comparaciones, que sin duda es otro deporte: dicen que un futbolista, como mucho, corre seis kilómetros en un partido ...!)

Torre Diagonal Zero Zero
Se podría decir que, donde hubo las barracas del Barrio de Pekín, de infausta memoria, ahora hay un moderno y espectacular edificio, el de la Torre Diagonal Zero Zero, que impresiona por la altura (110 metros de altura ) y por sus atrevidas formas angulares. Inicialmente debía ser un hotel, pero al poner la primera piedra, los promotores se echaron atrás y se lo quedó la Telefónica para sus oficinas. Es obra de un arquitecto de casa, Enric Massip-Bosch, que es cosa de destacar, y ganó un premio en el 2010 como mejor proyecto del año. Ciertamente lo vale, y nos admirará mientras giraremos a la derecha para coger la Diagonal hacia arriba, donde, un poco después del giro, encontraremos la señal del Km 26.


Km 26 al 27

Por la Diagonal, haremos, arriba y abajo, unos cuatro kilómetros. Y al hacerlos comprobaremos cómo se está transformando el barrio del Poble Nou (quieren que le llamemos "Diagonal Mar", "el Front Marítim", "el Maresme", "el Parc y la Llacuna" y no sé cuántas cosas más , pero para todos es el Poblenou), convirtiendo una zona que no hace muchos años era precaria en varios puntos, en un moderno espacio con bloques de viviendas de alto standing, empresas de vanguardia y rascacielos de treinta pisos.

No me canso de decirlo -como si fuera el promotor inmobiliario de la zona -que el lugar donde estamos  ahora se está  transformando de una manera espléndida. Pasamos por calles del Poble Nou "de toda la vida", pero las casas y oficinas que se están edificando están cambiando la fisonomía de esta zona de una manera total. No es por nostalgia de un tiempo pasado que lo digo, sino al contrario; le hacía mucha falta.

Apreciaremos la profunda metamorfosis que está experimentando este espacio donde corremos en este momento, que dice mucho en favor del carácter emprendedor de algunos y de la inestimable ayuda de quien vivía, y vive, no muy lejos de donde estamos, y de la capacidad de adaptación de la gente, autóctonos o no, de nuestra región. Si hace un par de siglos eran las fábricas del sector textil lo que prevalecía, más tarde las del metalúrgico, y ahora las empresas de la tecnología de la información, veremos claramente la idiosincrasia de los que lo hacen posible. Veremos que el esfuerzo ha sido y está siendo formidable. Y, dejádmelo decir, nos sentiremos orgullosos de pertenecer a este colectivo humano que lo hace factible. Y dejádmelo decir también, los que como nosotros están acostumbrados a esfuerzos - que nos tienen que decir! - Entenderán muy bien este sentimiento.

Al girar por la Plaça de Llevant (Plaza de Levante) habremos visto El Triangle, un moderno edificio realizado por dos grandes figuras
El Triángulo del Forum
de la arquitectura mundial, los suizos Herzog y De Meuron, que fue el emblema del Fórum 2004. Aunque no llegaremos, no dejaremos de recordar que El Forum fue un certamen internacional que impulsó la Unesco para tratar temas tan importantes como la diversidad cultural en el mundo, el desarrollo sostenible y las condiciones de la paz, y la ciudad de Barcelona le dio cuerpo.

Subiremos por el lateral derecho de la avenida Diagonal traspasando Llull, una calle que honra a uno de los más grandes escritores de la cultura medieval, Ramon Llull i d'Erill, nacido en Mallorca en el siglo XIII, conocido como "el doctor iluminado" por su facilidad para convertir infieles; la calle de Josep Pla, que ya lo conocemos de hace un rato, la de Selva de Mar, que se llama así, de nombre tan bonito, como el bonito pueblo del Alt Empordà.

En este kilómetro nos encontraremos otro avituallamiento. No pasemos de largo por nada del mundo, no nos podemos olvidar de beber agua, y si la hay, un poco de bebida isotónica. También, quizás, un poco de fruta y frutos secos.

A propósito de esto de la bebida en los avituallamientos: años atrás los médicos recomendaban beber una botellita entera de agua cada 5 kilómetros, so pena de acabar muy mal sí no lo hacías. También recomendaban beber, cuanto más mejor, desde un par de días antes, y no era nada extraño ver corredores que tanto el viernes como el sábado iban con una gran botella de agua en la mano todo el día. Lo veías cuando ibas a recoger el dorsal. Ahora, en cambio, hay algunos médicos que recomiendan no beber tanta agua, incluso afirman que únicamente se debe beber sí tienes sed, y es suficiente un poco, por no sé qué de la hiponatremia que llaman . Me disculparán: uno no quiere hacer experimentos, y sí a uno le ha ido bien beberse en todos y cada uno de los avituallamientos la famosa botellita entera, seguirá haciéndolo.

Más cosas sobre los avituallamientos de años atrás (¿se me está viendo que soy ultraveteràno?): Nos daban únicamente agua en todos los avituallamiento de las maratones; como mucho, un poco de Flectomin a partir del Km 20 o 25, que eran unos polvitos de sales minerales. Ahora, seguro que en estos también encontraremos alguna bebida energética, y eso sí que me parece bien; mejor que los polvos, al menos por el gusto. Aprovechando las ventajas de los nuevos tiempos, vale la pena beber un poco también.

Avituallarse en el maratón es fundamental
Otra cosa sobre lo avituallarse: se está demostrando últimamente que la miel en estado puro es un muy buen producto para tomarlo hacia el último tercio del maratón -además del agua naturalmente- por su alto valor energético y su fácil asimilación. (A mí me va bien. Hay que decir, sin embargo, que sí no se ha probado antes, no lo recomendaría, ni eso ni ningún otro experimento).

Eh! Me doy cuenta que sin quererlo me ha salido el síndrome de Pigmalión que uno lleva dentro, y estos escritos no van de ello. Pero como escrito está, lo dejo. Vuelvo, sin embargo, a los asuntos que nos ocupan, que es la descripción de los lugares por donde pasamos, hecha por un cronista amateur.

Prosiguiendo por la avenida arriba, pasaremos la calle Fluvià - el nombre de un caballero del siglo XV que luchó contra Fernando de Trastámara, el primer monarca español de la Corona catalano-aragonesa que emprendió la castellanización del país -y al encontrar la de Bac de Roda- otra calle de nombre bonito, que "ya la conocemos de antes" - habremos llegado al Km 27. Una observación obvia: desde que hemos pasado la media maratón, ya estamos restando, y ya podemos decir que sólo nos quedan 15.


Km 27 al 28

A continuación veremos a nuestra derecha el moderno Parc Central del Poble Nou. Lo diseñó Nouvel, el mismo arquitecto de la Torre Agbar que estaremos viendo a lo lejos. Un parque de lo más futurista, que según palabras de su creador "es un lugar de recogimiento que pide calma y silencio"

Todo no es bonito y bucólico.  Detrás del parque se encuentra Can Ricart, y recordaremos que es un espacio que constituyendo un símbolo de lo que fue el barrio (un patrimonio excepcional, dicen los vecinos, y una de las piezas de mayor interés del legado industrial barcelonés y catalán, certifican los especialistas) que ha estado en peligro de derribo, engullido por la voracidad constructora de la zona. Parece ser que, gracias a las reivindicaciones del vecindario, finalmente se ha salvado una importante parte, en una de las cuales se encuentra el Hangar, que es un centro de producción artística de las tendencias más avanzadas.

Cruzaremos la calle de Espronceda, ese poeta de quien en la escuela nos hacían aprender sus versos -no sé si ahora también en las clases de castellano - para recitarlos en las fiestas familiares, como aquel de La Canción del Pirata :

"Con diez Cañones por parte,
viento en popa, a toda vela,
no corta el mar, sino Vuela
un velero bergantín ".

No sigo porque es muy largo. Bueno, sólo su final. Como digo más de una vez, estos escritos tienen el objetivo de -sí recordamos algo el día de la maratón- nos sirvan para saber algo de los lugares y nos ayude a hacer el camino de nuestra prueba más placentera. Y quizás, como en el cuarteto final del verso el poeta habla más que nunca del mar y estamos cerca ... pues ...

"Que es mi barco mi tesoro,
que es mi dios la libertad,
mí ley, la Fuerza y el viento,
mí única patria, la mar ".

Avanzando, atravesaremos la calle de Bilbao. ¿Qué podemos decir de Bilbao para recordarlo?: Seguro que muchas cosas, pero se me ocurre una muy conocida: el club de fútbol de la ciudad se mantiene, erre que erre y desde tiempo inmemorial, con jugadores nacidos en su país. Un romanticismo que les funciona, curiosamente, en una época donde algo parecido no lo hacen ni los clubes de petanca.

Seguiremos subiendo muy suavemente por la Diagonal hasta la Plaza de las Glòries, y durante el tramo por la avenida estaremos viendo un prodigio arquitectónico, la Torre Agbar, que se ha convertido en un nuevo icono de nuestra ciudad.

Huelga de trabajadores de la Olivetti. 1981
A punto de llegar, y después de cruzar la calle de La Llacuna (La Laguna) (fácil es adivinar que antiguamente la zona era un estanque) pasaremos el Centro Comercial Glòries, la gran superficie inaugurada hace unos años, ubicada en el mismo espacio de lo que fue la Hispano Olivetti. Cuando aún no existían los ordenadores personales, aquí estaba la fábrica de máquinas de escribir Olivetti, fundada en 1929. El que suscribe -si se le permite que en este punto hable en primera persona- no puede sustraerse de recordarlo al pasar por delante, porque trabajó cuatro años en la década de los sesenta. Fue uno de los 3.320 empleados que producían más de 600.000 máquinas de escribir al año, en el centro de producción más grande del mundo de este tipo de aparato. Eran tantos los operarios en aquellos años sesenta, que en lugar de nombre tenían un código con números y letras que los identificaba. Todavía se acuerda del suyo: el 16.941W. Cosas del taylorismo, se trabajaba en esta factoría -empresa modelo- como lo hacían los operarios de la película "Tiempos Modernos" de Charlot. Cosas de la vida, a pesar de ser una emblemática empresa modelo, orgullo del régimen del franquismo, la Olivetti no pudo resistir la competencia generada por la revolución tecnológica de los años ochenta, y cerró las puertas un buen día (un mal día, mejor dicho) y los trabajadores fueron al paro.

Bien, crónica sentimental conclusa, vamos al grano. Si comento algunas cosas que no son demasiado festivas -hoy que estamos de fiesta grande- es sólo para explicar lo que sucedía en un tiempo por los lugares donde estamos pasando. La zona de Poble Nou ha sido el paradigma de épocas muy difíciles, no muy lejanas, y estos modestos escritos no pretenden ser una guía turística.

De igual manera, intento reflejar la fisonomía renovada que tiene ahora el lugar. Como veremos, el lugar está en plena transformación. Seguramente, los que corrimos la maratón hace tres o cuatro años pasando por aquí, comprobaremos que está cambiando mucho, y más que cambiará. Dicen, por ejemplo, que será tal la cantidad de edificios nuevos que se construirán en torno a la Torre Agbar, que peligra incluso su fácil visión actual. Aprovechémonos  pues y miremos, miremos mucho, por si acaso. Poco antes de llegar, por cierto, habremos hecho el Km 28 ... y estaremos contentos porque todavía estaremos muy enteros.


Km 28 al 29

Al llegar a la Plaza de las Glorias giraremos en redondo, como aquel que dice por debajo de la Torre Agbar, para volver a bajar por la Diagonal en dirección mar por el otro lateral contrario al que hemos subido.

Torre Agbar
La Torre Agbar fue inaugurada el mes de septiembre de 2005. El edificio tiene el aspecto de un misil enorme - o de un supositorio ... o de un consolador, porque todo el mundo dice la suya - y con una altura de 144 metros (treinta y dos pisos) es el más alto de la ciudad después del Hotel Arts y la Torre Mapfre, por debajo de los cuales pasaremos más tarde. Construida por el arquitecto francés Jean Nouvel, quien dice del edificio (nos servirá saberlo) que "... al diseñar la torre me inspiré en el macizo de Montserrat y en Gaudí, tratando de simbolizar las fuerzas de la naturaleza con la tecnología humana ".

Habremos tenido ocasión de comprobar que la torre es una maravilla. No haremos ni caso de otros modernos edificios que hay a su lado, que nos pasarán desapercibidos por el impacto que nos habrá producido la "pasada" de edificio - como se dice ahora - como el que vemos.

Bajando por la Diagonal (ligerísima bajada; que nadie piense que es una rampa y podrá soltarse) volveremos a cruzar las mismas calles que hemos cruzado subiendo (ligerísima subida que no debe haber matado a nadie), y veremos algún impresionante edificio, terminado o en construcción, que parece querer hacerle la competencia a la Torre Agbar. Pero no!, Ni hablar!. Ninguno le hace sombra.

Y mira que los hay, y más que habrá y veremos, porque estaremos en plena zona 22@bcn, el nuevo distrito tecnológico de Barcelona. (A eso de poner nombres nuevos -y a veces estrambóticos- en calles, distritos y barrios, somos muy aficionados los barceloneses; nos gusta complicarnos la vida, con lo fácil que es decir -como seguramente se seguirá diciendo- el Pueblo Nuevo.)

Pasaremos por el lado de flamante Campus Universitario de Comunicación de la Pompeu (no sé si inaugurado oficialmente, porque un día que había que hacerlo hubo un revuelo con el polémico Plan Bolonia por medio) en un magnífico y moderno edificio que forma parte de un complejo del sector audiovisual, construido en parte del espacio que ocupaba la fábrica de Ca l'Aranyó. Un acierto haber conservado este antiguo edificio de una fábrica textil fundada por unos ingleses en 1878 que, según dicen los que entienden, tiene un importante valor, dado que forma parte de la arquitectura industrial de Manchester. Los planos, los técnicos y la maquinaria, todo era británico; excepto el propietario que era un manresano, de nombre Claudi Aranyó.

Atravesaremos también la emblemática Rambla del Poble Nou, otra de las calles transformadas, pero que conserva en cierto modo su esencia. La conserva especialmente en la parte de abajo, un poco más allá de donde la cruzaremos, con algunas tiendas antiguas, bares, viviendas -algunas con decoración modernista-, asociaciones históricas como el Casino de la Alianza, monumentos como el dedicado al Doctor Trueta, plazoletas ... Sí no fuera porque estamos haciendo algo muy importante hoy, y todavía no es verano, estaría bien acercarnos a la Horchatería Tio Che - también con estética modernista- donde, después de Can Sirvent de la calle Parlament, sirven la mejor horchata de Barcelona para mi gusto.

Campo del Júpiter. Años cuarenta
Y ya que hablamos de la Horchatería Tio Che, no quiero dejar de decir también, deportistas como somos, que en esta horchatería se fundó en el año 1909, entonces Cervecería Cebrian, el CE Júpiter."Un club, una pasión", dicen de este legendario club de fútbol del Poble Nou, que ya ha celebrado su centenario. El Jupiter, de azarosa vida por razones políticas, ha jugado en varios campos, uno de ellos estaba en lo que ahora es la plaza Trueta.

Y hablando de historia, es posible que podamos ver de lejos algunas chimeneas que se conservan como testimonio de que esta fue la zona industrial de Barcelona por excelencia. Según los historiadores, el principal núcleo de la industrialización española durante el siglo XIX, con fábricas de todo tipo, la mayoría hoy en desuso, y reconvirtiendo en un espacio con empresas de alta tecnología que componen la llamada zona 22@bcn que decíamos antes, y alguna del sector de diseño, como la de Mariscal, el famoso creador del Cobi olímpico, que tiene su estudio a cien metros de donde pasaremos más tarde.

Y avanzando por la avenida Diagonal hacia abajo, cuando lleguemos al cruce con las calles de Pere IV y de Lope de Vega -el Fénix de los ingenios que murió en 1635 después de haber sido soldado, sacerdote y escritor de una obra literaria inmensa- nos encontraremos el indicador del Km 29.


Del Km 29 al 30

En este cruce estaremos en medio del ambicioso proyecto de transformación de la zona. Por todas partes veremos edificios rotundos. Como el que tendremos a nuestra derecha, un lujoso hotel de nombre poco afortunado, el Hotel Me, de 120 metros de altura. Nos impresionaría si lo viéramos -que no lo veremos- que en un solar debajo del hotel, en la zona de edificios espectaculares, hay gente que vive en chabolas. No veremos el contraste porque malviven en el interior de solares cerrados por muros metálicos y ladrillos, que impide ver dentro. No los veremos, pero estan: decenas de familias y cientos de personas, según dice la prensa, que se dedican a la recogida y venta de cartones y chatarra, y, como hace muchos años hicieron los que se instalaron en el Campo de la Bota, se han construido una choza para subsistir.

Dejémoslo. Este escrito no va de denuncia social. Si lo he mencionado es sólo porque no quiero obviar la realidad que hay en el lugar y que nos pasará desapercibido.

Continuaremos bajando por la Diagonal para terminar de hacer toda la avenida hasta el final (Decir que iremos "hasta el final" es un decir, porque en realidad es el principio de la avenida, ya que es sabido que la numeración de todas las calles de Barcelona que no son paralelas al mar comienzan en él, y los que son paralelas lo hacen en L'Hospitalet, para entendernos).

Bueno, iremos bajando, y lo haremos en busca del kilómetro 30 del maratón, lo que querrá decir que ya sólo nos quedarán doce. Lo seguiremos haciendo por el lateral de la avenida de la Diagonal, la parte central está siempre llena de colegas, locos como nosotros por la cosa esta del correr. Y es que los cinco kilómetros entre ida y vuelta que tiene, es una magnífica medida. Hoy, sin embargo, no habrá ningún aficionado entrenando, ni aquí ni en ningún otro lugar de la ciudad. O bien correrá la maratón como nosotros, o si no, estará animándonos y aplaudiendo en una encrucijada. Sería una auténtica herejía que estuviera, por ejemplo, haciendo footing por los alrededores de donde pasamos.

Por la Diagonal también veremos unos raíles en el suelo. Son las vías del Trambesòs, la pareja del Trambaixque que ya conocíamos porque "lo hemos visto!" hace mucho rato, cuando corríamos los primeros kilómetros del maratón por la parte alta de la avenida (seguramente más rápido que ahora que ya llevamos treinta). ElTrambaix y el Trambesós son, en efecto, una pareja de tranvías, que no veremos funcionar hoy, porque en honor nuestro no circularán.

Parque de Diagonal Mar
Llegando a la calle Selva de Mar veremos, a nuestra derecha, a pocos metros, el Parc de Diagonal Mar, uno de los parques más grandes de Barcelona, ​​diseñado por el desaparecido arquitecto Enric Miralles, que lo concibió, según dijo "... como un árbol que nace del mar y se ramifica como una mano abierta que, a la vez, simboliza los caminos del hombre a lo largo de su vida ". El ideó a partir de un nuevo concepto de respeto por el medio ambiente. Por ejemplo, además del sistema de riego con aguas freáticas, hay una estructura de dunas que protegen la vegetación del aire del mar, la arena y la sal. Nos gustaría ver el Parque con detalle y pasear, pero hoy no será posible. Lo veremos bastante tiempo, ahora por el lado montaña y más tarde lo cruzaremos por Taulat, pero no nos podemos quedar. Ahora, habremos llegado al Km 30, poca broma. Volveremos con la familia otro día.


Km 30 al 31

Pasaremos por el lado del Centro Comercial Diagonal Mar, donde, en la esquina hay cada año un conjunto haciendo música para animarnos, algo que es muy de agradecer ... especialmente a partir de ahora.

Especialmente a partir de ahora, porque justo en este punto, parecerá mentira (o no), pero  habremos hecho ya treinta. Dicho de esta manera, parecerá que ya hemos hecho lo más difícil. Pero, no. Incluso los más inexpertos saben, porque se lo han dicho cien mil veces, que el maratón empieza a partir del 30 ... o del 33 sí se desea. Es decir que lo que hemos hecho hasta ahora es un calentamiento largo. Que nadie de los que hoy hacen el maratón por primera vez -que me parece que son un buen grupo- se asuste. Ahora, a partir de ahora, es el momento en el que el entrenamiento que hemos hecho, y la ilusión que nos supone acabar una prueba mítica como esta, nos ayudará. Quizás lo pasaremos mal, pero -dejadme ser recurrente- como decía Barack Obama: "Yes, we can".

Llegaremos de nuevo a la Plaça de Llevant para finalizar el trayecto que hemos hecho arriba y abajo de la Diagonal, mientras vemos de nuevo, en frente nuestro, otro prodigio de la arquitectura actual, como es el edificio el Triangle del Forum, ideado por los arquitectos Herzog y De Meuron.

Museo Azul. Esqueleto de ballena
Durante los días del Forum, el Triangle sirvió como centro de conferencias y actualmente se ha convertido en un museo de ciencias naturales: el Museu Blau  (Museo Azul). No lo veremos porque está dentro, pero si venimos otro día, que vale la pena, nos dará la bienvenida el esqueleto de una ballena de 20 metros de longitud, que llegó a la Costa Brava a mediados del siglo XIX.

A propósito del Triangle, y después de haber pasado por edificios tan emblemáticos como los que hemos pasado desde que hemos empezado el maratón, quizá nos vendrá a la mente una pregunta: ¿cómo es que el Palau Sant Jordi, la Torre de Collserola, el Hotel Arts, la Torre Agbar, el Puente de Bac de Roda, la illa Diagonal ... las últimas grandes obras arquitectónicas de Barcelona son de arquitectos de fuera de Cataluña? ¿Dónde están los herederos de Puig i Cadafalch, Domènech i Muntaner, Gaudí, Coderch ...?

De todos modos, quizás hoy no nos tenemos que hacernos estas preguntas tan difíciles de responder. Pasando tan cerca del Fórum como lo estamos haciendo, quizás nos ayudará más pensar sobre las interesantes reflexiones de algunos pensadores a propósito de los acontecimientos de aquellos días del año 2004, una de ellas, por ejemplo, la del Premio Nobel de la Paz de 1991, Aung San Suu Kyi, que dijo, para mí, algo memorable: "La paz, el desarrollo y la justicia van ligados entre sí. No podemos hablar de desarrollo económico sin hablar al mismo tiempo de las condiciones de la paz. ¿O quizás es posible desarrollarse económicamente en un campo de batalla? "

Habremos dejado la Diagonal girando hacia la derecha para coger el Passeig del Taulat. Y así, rumiando para entretenernos, ahora que viene lo difícil, poco antes de pasar por en medio del Parc Diagonal Mar corriendo por el paseo, nos hemos de encontrar el cartel del Km 31, que nos parecerá luminoso.


Km 31 al 32

El Paseo de Taulat, que tiene un nombre que nos hará suponer que en tiempo lejano debería haber, aquí mismo, tablas de cultivo, atraviesa y divide en dos el Parc Diagonal Mar, construido en una parte de los terrenos que ocupaba la antigua fábrica Macosa , otra de las industrias más importantes y emblemáticas del Poblenou, donde se hacían trenes, tranvías y vagones de metro.

Torre de las Aguas
Estaban pensando y filosofando hace un momento para tratar de olvidarnos del esfuerzo, y no es que nos tengamos que poner serios. Pero creo que ese pensamiento es una buena materia para pensar un poco en positivo, que es lo que nos conviene ahora! Además, si queremos reflexionar, mejor que lo hagamos cuando estamos pasando por el corazón del Parque Diagonal Mar, desde el cual, y antes de girar a la izquierda para coger la parte baja de la calle Selva de Mar, veremos a la derecha un vestigio de hace más de un siglo, la Torre de las Aguas, que tiene una historia sobre sus orígenes no muy divertida. Fue edificada en 1882 por un particular para extraer y comercializar las aguas del río Besòs. Fue un desastre porque no se tuvo en cuenta que el mar estaba muy cerca y generaba filtraciones saladas. El fracaso fue tan grande, que el empresario que había financiado la obra no pudo superarlo y se suicidó lanzándose desde lo alto de la torre.

Y para referirnos al lugar con una historia menos macabra, digamos que también muy cerca, a nuestra derecha, pasada la torre, hay un espacio que fue otro complejo fabril del siglo XIX y se ha conservado la estructura de los edificios. Ahora lo llaman Palo Alto, y es una Fundación donde hay varios pequeños talleres y empresas, una de ellas de Javier Mariscal, el creador del Cobi, que tiene un estudio donde trabajan -no lo hubiera dicho nunca- más de 40 empleados.

Al final de Selva de Mar giraremos a la derecha para coger el Paseo de García Faria, un ingeniero de caminos y arquitecto del siglo XIX que aportó a la ciudad la reforma de las alcantarillas. Aunque hay documentos y muestras que acreditan que en Barcelona había alcantarillado en la época romana, no es seguro que las hubiera hace doscientos años. Como sea, el trazado del sistema moderno del subsuelo se debe a este barcelonés, a quien honramos poniéndole el nombre de esta calle, donde poco después de cogerla, encontraremos el Km 32.

Un apunte curioso, hablando de todo esto: el subsuelo actual de Barcelona está atravesado por más de 1.700 kilómetros de alcantarillas ... que pronto está dicho. Muchas gracias señor García Faria!

Otra curiosidad observada: entrenando por Barcelona (y mirando al suelo para no pegárnosla), he comprobado que las únicas tapas metálicas que dan acceso a las infraestructuras subterráneas de la ciudad que están rotuladas felizmente en catalán son las del "Alcantarillado", las demás ("Agua potable", Señales de Tráfico ", etc) deben ser del tiempo de María Castaña ... ¿O es al revés?


Km 32 al 33

Avanzando por Garcia Faria intuiremos que las playas de la zona las tenemos cerca, a la izquierda de nuestro paso en este tramo. Y eso es bueno.

Playa de la Mar Bella. Años veinte del siglo XX
Dicen que el mar relaja. No lo veremos, pero captaremos que está. Quizás, incluso, veremos alguien que se le acerca. La de la Nova Mar Bella es la que hay en primer lugar -que dicen que es la preferida por las mujeres y los pescadores de caña, nadie sabe por qué-, la de la Mar Bella, la segunda- en la que se puede practicar el nudismo-, y más adelante la del Bogatell, la tercera -una de las más apreciadas en cuanto a la seguridad-. Más allá, ya en el Km. 33, la de la Nova Icària, también muy tranquila, la preferida por las familias con niños.

Y corriendo por Garcia Faria recordaremos que justamente aquí, por esta avenida, habremos hecho seguramente más de una vez la Cursa dels Nassos. Lo recordaremos, pero no es cuestión de añorar lo fácil que es correr una carrera de 10 kilómetros como esta, comparada con la que estamos haciendo ahora. O vete a saber, porque hay gente, entre los que me cuento, que cualquier carrera les deja hecho polvo por corta que sea. Ya se sabe, correr no es jugar al parchís.

A la izquierda, antes de ir a buscar la Avenida del Litoral, veremos el Polideportivo de la Mar Bella, un complejo donde se practican muchos deportes, y donde los que somos aficionados a esta locura del correr venimos a buscar el dorsal de la Cursa dels Nassos, precisamente, porque es donde montan toda la infraestructura de esta prueba del último día del año.

Pasado el edificio hay una pista de atletismo. Se construyó en los terrenos donde el Club Canaletes tenía hace unos años una pista de tierra - no de tartán como es la de ahora que es un lujo - donde quizás más de uno de los que participan hoy en el maratón haya hecho alguna carrera o algún salto. Sí es del Poble Nou y un poco veterano o veterana es casi seguro, porque el Canaletes es un entrañable club del barrio, que hace unos años estaba presidido por el doctor Luis Beltrán, un ex campeón de Cataluña de 100 metros lisos dotado de un carisma especial, que contagiaba su pasión por el atletismo a quien se pusiera por delante.

No hay más remedio: tendremos que subir un puente para abandonar Garcia Faria y coger la Avenida del Litoral. El puente, que está en la calle de la Jonquera, es el desnivel por debajo del cual pasa la Ronda del Litoral. Hay que decir que es corto pero bastante molesto, especialmente ahora que estamos en el momento en el que empiezan todos los males. Nos "salvará", sin embargo, poder ver el mar cerca, porque habremos llegado muy cerca de la playa en este momento.

Además, pasado el puente llegaremos a  la Avenida del Litoral donde enseguida veremos, emocionados, la señal del Km 33 y nos subirá la adrenalina.


Km 33 al 34

Tan pronto habremos enlazado con la Avenida del Litoral, que aunque es contra dirección hoy tenemos permiso, veremos la Torre Marfe y el Hotel Arts a un kilómetro y medio. Y detrás de estos dos edificios singulares de Barcelona, ​​a lo lejos, la montaña de Montjuïc y el Castell.

Que veamos el Castell de Montjuïc lejos, muy lejos, no es de extrañar, porque, como decía el columnista Narcis-Jordi Aragón en un diario, a propósito del revuelo que se formó hace un  tiempo por la devolución del Castillo a la ciudad, "... no es extraño que la distancia entre los catalanes y el castillo haya llegado a ser prácticamente infinita". Lo escribía rememorando lo que ya decía el famoso escritor Josep Maria de Sagarra hace más de setenta años al referirse al poco contacto moral de los ciudadanos con el lugar: "El Castillo es la cosa más antibarcelonesa que existe, si hay dos cosas que no liguen son el Castillo y los gorriones de la Rambla ".

En este lugar estamos haciendo el kilómetro treinta y tres, y dicen los que entienden, que ya hace uno o dos que realmente ha comenzado el maratón. Es cuestión de hacerles caso e ir con cuidado, procurando no dejarnos invadir por la sensación de cansancio.

A propósito, los que no han hecho nunca una maratón se preguntan cuáles son las razones por las que, cuando se está hecho polvo, se puede aguantar hasta el final. La respuesta es compleja: la ilusión de terminar un reto te ayuda ... el compromiso contigo mismo ... haber dicho tantas veces a los tuyos que harás el maratón ... saber que te espera alguien a la llegada ... la recompensa de la "gloria prometida" al pasar la meta ... ¿Qué se yo!

Lo cierto es que, desde que hemos tomado la avenida Garcia Faria y la Avenida Litoral, estamos haciendo unos de los kilómetros que forman parte del grupo de los más difíciles de la maratón: los que van del 32 hasta el 36-37. No es que los cinco o seis que queden después no sean malévolos, pero dentro de aquellos acostumbra a presentarse - si se presenta, que a veces no - el famoso "muro" del maratón (hay quien le llama "la pared") y si se supera, los otros kilómetros son menos difíciles porque la proximidad de la llegada te da alas. Una observación al margen: parece ser que las mujeres -qué suerte que tienen- no suelen pasar el "muro", o lo pasan con muchos menos problemas que los hombres.

Volviendo a la cuestión de las playas, lo cierto es que los barceloneses nos hemos ido aficionando cada vez más a los baños de mar. Desde un poco antes de los Juegos Olímpicos se ha recuperado el frente marítimo de la ciudad y se ha producido un cambio histórico en este aspecto porque las playas se han integrado a nuestra vida cotidiana. Uno recuerda que cuando era pequeño, esto no era así, en buena parte porque durante la posguerra, en las playas de Barcelona no se podía ir. Con excepción de la de San Sebastián, en la Barceloneta, el resto-las que hoy hacen tanto gozo- eran vertederos inmensos de escombros y desechos.

Ahora es una suerte poder bañarse en estas playas hombres y mujeres juntos. Pero siempre no ha sido así. En el siglo XIX había que enfrentarse a la estricta moral de la época, que lo prohibia, aunque algunos no le hacían demasiado caso. Los más atrevidos incluso se bañaban desnudos. Y no serían pocos cuando el Ayuntamiento elaboró ​​varios edictos prohibiendo bañarse desnudos. Uno de ellos decía textualmente: "Prohibido y vedo que de hoy en adelante, persona alguna de cualquiera edad, sexo y condición que sea, se desnude, lave ni nade, en toda la playa".

Unos años más tarde se era un poco más progresista -no demasiado -y dejaban nadar. Hacerlo en plan nudista, sin embargo, estaba castigado con una multa de cinco pesetas, y no era posible, como lo ilustra este otro bando del Ayuntamiento de Sant Martí (el pueblo originario del lugar donde estamos corriendo ahora) de agosto de 1872: "La personas de ambos sexos que quieran bañarse no podrán verificarlo completamente desnudas, debiendo quitar, a lo menos, pampanilla (taparrabos)".

Una playa del este de Estados Unidos.1922
Ahora bien, los que seguían la estricta norma de enseñar el mínimo de cuerpo debían hacerlo por separado: los hombres y las mujeres no se podían bañar juntos. No fue hasta principios del XX que se autorizó la coexistencia de los dos sexos, y aún así, cuando los baños de San Sebastián abrieron una zona mixta en la playa, se produjo un fenomenal escándalo. En los años 20, la moral era muy estricta en todo, no únicamente en Barcelona, ​​por supuesto. En todo el mundo estaba prohibido que las mujeres enseñaran demasiado muslo en las playas.Para controlar que la parte visible de las piernas no excediera las normas,
había lugares donde un vigilante lo medía.

En marzo no es la época, pero en verano, estas playas por el lado de las que estamos pasando son un hervidero de gente de lo más variada: desde vendedores de cien mil cosas (latas, pareos, encendedores, helados. ..), tatuadores que por cuatro o cinco euros te tatúan un cangrejo donde quieras ... guiris de piel roja encendida comiendo paella en alguno de los chiringuitos que hay ... vecinos del Poblenou que a su lado juegan al dominó ... y también gente nadando en el mar, claro. E incluso, ahora, naturistas que se bañan desnudos.

Seguiremos viendo durante este kilómetro por la Avenida del Litoral, ahora un poco más cerca, las dos "torres gemelas" nuestros, la Mafre y el Hotel Arts, y el Castell de Montjuïc, aunque este sigue lejos, muy lejos. Muy lejos, física y espiritualmente, porque como es sabido, allí fue fusilado Lluís Companys sin más cargo que haber sido el presidente de la Generalitat de Cataluña. Muy lejos, física y espiritualmente, porque de hecho, la vez que tenemos más cerca el castillo, los que corremos, es en noviembre de cada año, por Todos los Santos, cuando la Cursa de la Amistad que acaba en el Tibidabo tras atravesar Barcelona, ​​empieza en sus puertas.

Carmen Amaya, ya famosa,
visitando el Somorrostro. Año 1953.
Un apunte sobre el lugar donde estamos: años atrás, había aquí El Somorrostro, un barrio de chabolas en la misma playa, que se extendía desde la desembocadura del río Bogatell hasta el Hospital del Mar. Estaba habitado por la gente más desfavorecida de la ciudad, la mayoría gitanos, donde nació la bailaora gitana Carmen Amaya, una figura mítica del baile flamenco, aclamada en todo el mundo, especialmente en Estados Unidos. En sus memorias, la artista, que nunca rehuyó de sus orígenes, explicaba que su barraca, ante la cual bailaba de pequeña, se inundaba con frecuencia del agua del mar de tan cerca que la tenía de la playa. Tiene una fuente y una calle con su nombre al lado del Cementerio del Poblenou, a cuatro pasos de donde correremos. I fallecida prematuramente, dejó escrito que catalana como era, quería ser enterrada en el Empordà, en Begur concretamente, donde así fue el año 1963.

No lo veremos, pero pasaremos, como decía, muy cerca del cementerio del Poblenou, el más antiguo de Barcelona, ​​construido en el siglo XVIII fuera de las murallas de la ciudad para erradicar la costumbre de enterrar a la gente dentro de las iglesias. El lugar es un prodigio en cuanto a figuras escultóricas y panteones, hasta el extremo que cada primer domingo de mes se hacen visitas guiadas, donde un guía explica y muestra lo mejor de la arquitectura y la escultura funeraria del época. Aunque hoy  fuera primer domingo de mes, no entraremos porque estamos para otra cosa más divertida. Si lo hiciéramos, aunque es un cementerio, veríamos cosas divertidas sin embargo: por ejemplo algunos epitafios que hay en algunas lápidas. En una se puede leer: “ Un metge, no diré qui, sols un dia em visità. Un vomitiu m’ordenà i respongui que no el volia; em digué que em curaria...i vaig morir l’endemà"
("Un médico, no diré quién, sólo un día me visitó. Un vomitivo me ordenó y responda que no lo quería, me dijo que me curaría ... y me morí al día siguiente ")

Continuando por la Avenida Litoral pasaremos junto al Parc de la Nova Icaria a nuestra derecha, y después de la Plaça dels Campions, antes de enlazar por la calle del Arquitecte Sert, nos encontraremos con otro indicador de los que enamoran, el del Km 34.


Km 34 al 35

Giraremos a la derecha por la calle del Arquitecte Sert para girar enseguida hacia la izquierda por la de Salvador Espriu (famoso el primero por haber diseñado la Fundació Miró de Montjuic entre otras cosas, y famoso el segundo por haber escrito obras capitales de las letras catalanas).

En estos lugares nos encontramos de lleno en lo que fue la Vila Olímpica de los Juegos Olímpicos de Barcelona de 92. Todo respira deporte, desde las viviendas de los atletas a nuestra derecha, hasta los elementos alegóricos, que hay unos cuantos, y eso seguro que nos ayudará un poco en nuestro "olímpico" esfuerzo.

Fijémonos en ello: en la Plaça dels Campions por la que hemos pasado por el lado hace un momento -cuesta verlo porque está un poco escondido por las plantas- en el suelo de la plaza están las huellas en cemento (habían sido de metal pero las robaron) de diez deportistas de fábula: Kubala, Di Stefano, Garry Kasparov, Eddy Merckx, Carl Lewis, Magic Johnson, Pelé, Johann Cruyff, Indurain y Sergey Bubka. Y por si fuera poco, a continuación llegaremos a la Plaça dels Voluntaris Olímpics. Es decir que por deporte que no quede.

Carl Lewis saltando en el Estadio de Montjuïc
Al pasar por aquí, no podremos sustraernos a que en los pisos actuales de la Vila Olímpica se alojaron todos los míticos deportistas olímpicos, desde el velocista y saltador Carl Lewis, hasta todos los corredores de las maratones masculina y femenina , por hacer mención a algo que nos es tan cercano.

Una precisión: todos los deportistas no se alojaron en la Villa Olímpica, porque los del equipo de baloncesto USA, los multimillonarios Michael Jordan, Magic Johnson, Larry Bird, etc ..., lo hicieron en un hotel de gran lujo .

Como sea, y quizás para redondearlo, influidos por el lugar, incluso nos parecerá al pasar que oímos cantar "Baaaaarceloooona" a Montserrat Caballé y Freddy Mercury, o "Amigos para siempre ... Means you'll always be my friend ... " a Josep Carreras, desde el estadio.

Justo a ambos lados de la Plaça del Voluntaris Olímpics, donde hay un manantial de agua de notables dimensiones, veremos, ahora sí, absolutamente cerca, los dos rascacielos que hace rato que veíamos, ambos de una altura de 153,5 metros, que son los más altos de Barcelona: la Torre Mafre, un edificio de oficinas con un centro comercial en la planta baja, y el Hotel Arts que tiene 456 habitaciones. Hemos preguntado si hoy hacen algún descuento por ser maratoniano y nos han dicho que no. El que quiera la Presidential Suite, sólo vale 8.000 euros la noche. Eso sí, con lo que llaman skyline, con vistas al mar, a la montaña, a todas partes.

Al llegar a la plaza giraremos para coger a la derecha la calle Marina, pero antes habremos visto de reojo, cerca del mar y al pie del Hotel Ars, la escultura dorada llamada El Peix d'Or  (El Pez de Oro) por sus reflejos del sol, diseñada por Frank O.Ghery.

Al girar, también veremos frente a nosotros, a la izquierda y junto al manantial, la de, para mí extraña aun cuando de buen mirar, escultura no figurativa David y Goliat, una especie de careta de un gigante sustentada por tres patas . Los entendidos dicen que la obra quiere simbolizar la victoria que supuso transformar una zona degradada como era esta en un espacio tan hermoso. Repito: lo dicen los que saben de qué va.

El Cul en el Parque Carlos I
Haremos un pequeño trozo de la calle Marina y giraremos a la izquierda por la Avenida Icaria. En el momento que tomaremos la avenida (no me preguntéis por qué, pero hay nombres de calles que son más bonitos que otros, o al menos me lo parecen, y este de Icaria es uno), tendremos a la derecha el Parc de Carles l. Si nos fijamos, dentro del parque, no muy lejos de nosotros, veremos una curiosa escultura llamada El Cul (El Culo), del escultor cántabro Eduardo Úrculo. Cuando se inauguró, hace diez años, el hombre dijo que "Barcelona será la primera ciudad occidental que tiene un monumento al culo. Una escultura que tiene algo de monumento griego, que evoca el Mediterráneo y su cultura hedonista". Si lo dice el autor ... Parece ser que estaba previsto que fuera a la avenida del Bogatell, pero el monumento terminó en este parque de Carles I sustituyendo un ciprés que había muerto.

Por la Avenida Icaria enlazaremos pronto con el Paseo de Circunvalación y poco después nos encontraremos con el indicador del km 35, y quizás nos preguntaremos -ojalá- que es aquello a lo que llaman "el muro de la maratón".


Km 35 al 36

Cuando se empieza a pasar indicadores kilométricos del tipo de los que estamos pasando, uno se da cuenta que está haciendo algo de cierta trascendencia. Soy de los que pienso que para que crezca el número de maratonianos  se debe proclamar que la maratón la puede hacer todo el mundo -cualquier persona sana-, pero eso no quiere decir que no se tenga que preparar, y aun así, no sea difícil correrla. Y especialmente en este umbral de la carrera, que  es cuando se ponen a prueba las capacidades que se tiene para la distancia.

Estaremos de suerte, no obstante, porque cada vez más, iremos encontrando lugares y espacios urbanos muy significativos de Barcelona de aquí al final de los 42, la simple visión de los cuales nos tiene que servir extraordinariamente para ayudarnos. Seguramente, también encontraremos más gente por la calle animándonos. Todo ello nos debe servir para alcanzar nuestro reto.

Mientras avanzamos por el Paseo de Circunvalación veremos a nuestra izquierda los magníficos y futuristas edificios de la Facultat de Ciencies de la Salut i la Vida y el de Gas Natural. Ir viéndolos, aunque sea un poco de lejos, nos relajará. A nuestra derecha, no lo veremos, pero tendremos el Zoológico. Lo intuiremos; estaremos pasando por detrás del zoo, bordeándolo, y es casi seguro que al hacerlo, tan cerca como estaremos de las fieras, sentiremos su hedor. No es desagradable, y quizás incluso nos irá bien y nos transmita algo de energía. Dicen que los animales de la selva, cuando saben que alguien conecta con ellos, se hacen amigos y le ayudan.

Construcción de la marquesina de la Estación. 1929
Nada, sólo eran divagaciones para distraer, si acaso, la posible pesadez de lo que llevamos corrido. Dejémoslo, porque a esta altura del paseo veremos a nuestra izquierda las dos impresionantes marquesinas de la parte trasera de la Estación de Francia. Tiene un notable valor toda la estación, no por el número de trenes que circulan actualmente, que son muy pocos, sino por su arquitectura. Al pasar, veremos la parte trasera, por donde salen los trenes, la parte de delante, la fachada, la dejamos para verla otro día: por ejemplo dentro de un mes, el día que correremos la Cursa dels Bombers, que como es sabido, empieza y casi termina delante de la estación.

Al terminar el Paseo de Circunvalación enlazaremos por el Paseo Picasso, al lado del Parque de la Ciutadella. Por el paseo veremos a la derecha una escultura que realizó Antoni Tapies y la llamó Homenaje a Picasso. Es un cubo de cristal en medio de un estanque con un piano dentro, por el que mana constantemente agua. No quisiera ser irreverente, pero he de decir que no me gusta. Quizá la razón esté en que soy un analfabeto y eso del arte abstracto no lo entiendo, y claro, los trabajos de Tapies tampoco. Quizá lo que quiere el laureado pintor y escultor es que produzcan lo que decía el propio Picasso en una frase que ha introducido Tapies en el interior del conjunto: "Un cuadro no es para decorar un salón, sino que es un arma de ataque y de defensa contra el enemigo ". Con ello podría estar de acuerdo ... pero por más que trato de entender sus cuadros, no puedo, y algunos de Picasso, todo sea dicho, tampoco. Ya me disculparán.

Mientras vamos corriendo, a nuestra derecha, si tenemos ganas de mirar, veremos la parte de arriba de uno y el lado de otro, de dos edificios construidos para la Exposición Universal que se celebró en la ciudad el año 1888: el Umbracle (Umbráculo) y el Hivernacle (Invernadero), que poseen un agradable sabor noucentista aunque un poco decadente. Al otro lado, a la izquierda, veremos unos edifcios con porches, del siglo XIX, también agradables de mirar. Son obra del famoso arquitecto modernista Josep Fontseré , y se prolongan a lo largo de casi todo el paseo.

También podremos ver el espléndido edificio del Castell dels tres Dragons, de Domènech i Montaner que hay al final de este paseo, a la izquierda. Un restaurante para las celebraciones de la citada Exposición Universal, convertido hoy en el Museo de Zoología.

Giraremos a la derecha por el Paseo de Pujades para ir a buscar a continuación el Paseo de Lluís Companys, y corriendo por en medio pasaremos por debajo del Arco de Triunfo, la puerta monumental que daba acceso al recinto de la exposición . Y en mitad del paseo veremos otra señal que nos impresionará: la del Km 36.


Del Km 36 al 37

Por el Paseo de Lluís Companys, tendremos, a la derecha, el monumental Palacio de Justicia edificado en el año 1887, aunque modernista no muy bonito por fuera pero interesante por dentro, con murales del pintor Josep Maria Sert. Y también nos habremos encontrado en el paseo algunas farolas decimonónicas, de cierta semejanza con las del Paseo de Gracia y la Avenida Gaudí, parterres de césped y palmeras por doquier.

Llegada de la Jean Bouin. Año 1928
Pasaremos por debajo del Arco de Triunfo como triunfadores que somos - disculpad la arrogancia - porque por el solo hecho de ponernos un dorsal para intentar hacer un maratón lo somos. Y lo cruzaremos rememorando que este mismo Arco era hace unos años la línea de llegada de la  Jean Bouin, el final de un recorrido que se iniciaba en Esplugues. Una excepción en la época en la que las carreras por la calle estaban casi prohibidas.

Y a propósito del Arco de Triunfo, y a propósito también de que hoy estamos pasando por lugares de tanta belleza arquitectónica, un apunte curioso: según dicen los entendidos, la arquitectura se relaciona a menudo con el erotismo. Hay libros y documentos que hablan de ello: un artículo de "El Informatiu" del Colegio de Aparejadores, hace mención a lo que dijo una historiadora de arte al respecto, con motivo de la Exposición Erótica Architectonica de Terrassa: "( ...) estoy convencida de que Eros está siempre escondido en la psique del arquitecto ". No es de extrañar, pues, que haya obras como las que hemos visto hasta ahora durante el recorrido, La Dona i l'Ocell o La Torre Agbar relacionados con el género masculino, y el Arco de Triunfo con el femenino . Insisto, lo dicen los entendidos.

Una vez pasado el Arco del Triunfo enlazaremos con la Ronda de Sant Pere. Al girar para cogerla veremos a la izquierda un pequeño monumento a Lluís Companys, el presidente fusilado por el franquismo, compuesto por un medallón con su rostro y la escultura de una chica que lleva un pañuelo en la mano. El escultor que la realizó se inspiró en una bonita historia que conoció de los "Hechos de Octubre de 1934", cuando Companys fue encarcelado por proclamar el Estado Catalán. Una adolescente le escribió un poema y se lo envió a la cárcel. Lo firmaba con el nombre de Conchita. Al ser liberado, la chica le fue a recibir y se identificó. Companys le dio el pañuelo blanco que siempre llevaba en el bolsillo de la chaqueta diciéndole: "Guárdalo quiérelo siempre ... y quiere a Catalunya". Convertida en poetisa, Conxita Julià, una señora septuagenaria, asistió al acto de inauguración del monumento en 1997.

Nada más empezar la Ronda se encuentra una de las tiendas casi centenarias de Barcelona, ​​la Ferretería Rafols. Se inauguró en el año 1919, y es un establecimiento familiar. Tienen todo lo que hace falta en una casa, como dicen sus espectaculares letreros de hierro forjado que no nos costará nada  ver: "Droguería, utensilios domésticos, tornillería, herramientas y cerrajería".

Pasaremos la calle Bailen, y acto seguido veremos el monumento a Rafael Casanova a nuestra derecha. Al pasar, seguro que recordaremos la lucha que este consejero -uno de los últimos consejeros del Consell de Cent, la institución que como tantas otras fue abolida en 1714 - mantuvo hace tres siglos, y quién sabe si recordar la epopeya no nos dará también fuerzas para acabar de hacer los seis kilómetros que nos quedarán para llegar a la meta.

Más adelante cruzaremos la Plaza Urquinaona, donde algunos no podremos dejar de mirar a la derecha para dar un vistazo al edificio del mismo nombre de la plaza, aquel que sólo tiene veinte pisos pero íbamos de pequeños a verlo porque era "el rascacielos más alto de la ciudad".

Y también, al pasar por la plaza, muchos de nosotros rememoraremos que a cuatro pasos, a la izquierda, había la entidad Marathon Catalunya de la calle Jonqueres, una auténtica institución en sus inicios y durante muchos años para los aficionados a correr . La fundó Ramon Oliu, un químico que trajo de Estados Unidos la moda de correr maratones y carreras populares en contraste a la forma de practicar el atletismo en aquella época, restringida a hacerse únicamente en los estadios. Él fue quien contagió su pasión a mucha gente. En el año 1978 organizó en Palafrugell el primer maratón popular que se hizo en Cataluña y en todo el Estado, Dos años más tarde lo pudo hacer ya en Barcelona por primera vez.  

"La esencia del correr". Libro del Oliu
En los años ochenta era frecuente encontrarse con muchos enfermos del correr en este local de la calle Jonqueres que ahora recordamos, y charlar sobre la locura común -no había internet - mientras esperabas turno para inscribirte en alguna de las entrañables pocas  carreras de entonces , y a las que apoyaba la asociación. Los que hoy estamos corriendo - los que tuvimos la suerte de conocerlo y los que corren sin haberlo conocido-estamos, de alguna manera, rindiendo un homenaje a la figura de Oliu, desaparecido el año 2005. Se hará especialmente vivo el recuerdo al pasar junto al lugar donde él creó una entidad que - presidida más tarde por los Raimon Vancells, Adolf Torruella, Domingo Catalán y Rafael Salinas - fue la cuna del movimiento popular que tanto ha arraigado en el mundo del correr. Al pasar tan cerca de donde germinó, te recordaremos, Ramon Oliu, y te lo agradeceremos.

Y apenas pasada la plaza de Urquinaona nos encontraremos con otra señal cautivadora: la del Km 37.


Km del 37 al 38

Haremos un poco más de la Ronda de San Pere y llegaremos a la Plaza Cataluña. Giraremos y bajaremos por delante de El Corte Inglés a buscar el Portal de l'Àngel. Al hacerlo, acostumbrados como estamos a ver tantos autobuses, tantos coches, tantos peatones por metro cuadrado, tanta aglomeración en definitiva, nos sorprenderá que esta mañana de hoy, felizmente, no sea así. Los que estarán en la plaza estarán para aplaudirnos, y por todo ello, será especialmente atractivo correr por el lugar.

Portal de l'Àngel. Año 1913
Al comienzo de la avenida del Portal del Ángel no nos estaremos de ver la temperatura que tenemos - ojalá sea baja - en el termómetro gigante de Can Cottet, la tienda de óptica que, inaugurada en 1902, es la más antigua de Barcelona. El termómetro tiene una altura de cinco pisos y se ha convertido en un reconocido símbolo ciudadano desde que se instaló hace más de cincuenta años.

El circuito de este maratón es ciertamente muy ilustrativo de lo que es nuestra ciudad. Si hasta ahora hemos pasado - qué alegría hacerlo corriendo una vez al año al menos - por zonas modernas ... novecentistas ... ex-industriales ... vanguardistas ..., ahora nos adentraremos, ni más ni menos, en la Barcelona medieval, e incluso, en la romana de hace dos mil años.

El Portal del Ángel fue una de las puertas de entrada y salida de la ciudad amurallada, por la que, subiendo por el camino que hoy es el Paseo de Gracia se iba directamente al pueblo de Gracia. Ahora, la avenida es un paso sin tráfico, restringido a peatones y con tiendas de lo más chic, y algunos edificios que hacen recordar el esplendor que tuvo en una época. Por ejemplo, el de Can Jorba -ahora de El Corte Inglés - a la derecha de nuestra bajada, donde por años que pasen se recordará que, a primeros de enero, íbamos a entregar la carta a los reyes casi todos los niños y niñas de Barcelona. Y donde, inevitablemente, el rubio nos preguntaba si nos habíamos portado bien, e, invariablemente, le mentíamos, temerosos de quedarnos sin el excalèxtric o sin la muñeca que hablaba.

Al  final del Portal del Ángel cogeremos la corta calle Arcs, y al llegar a la Plaça Nova nos encontraremos el edificio del Colegio de Arquitectos a la izquierda, con los paneles de Picasso en la fachada; en frente, la que era la puerta de la salida de la ciudad en la época medieval y que ahora es donde empieza la calle del Bisbe; y a la derecha, no es necesario que miremos porque es de un barroco austero y sin ningún atractivo, el Palau Episcopal.

Giraremos a la izquierda para coger la Avenida de la Catedral y pasaremos ante el Hotel Colon, cuyo origen contiene una curiosa anécdota: parece ser que en los años cuarenta, terminada la guerra, vino un italiano adinerado a Barcelona para visitar la catedral, y al no encontrar habitación en ningún hotel cerca, el magnate decidió construir uno justo delante de la iglesia. El hotel presume haber sido alojamiento de escritores como Ernest Hemingway o Tennesse Williams, y de artistas del cine como Vittorio Gassman o Sofía Loren, y durante más de diez años, residencia diaria del pintor Joan Miró.

Seguiremos por la avenida, un espacio al cual todos le llamamos siempre "Plaza", por cierto, y pasaremos por delante de la Catedral. La construcción que vemos se inició en el año 1298 sobre unos terrenos donde había existido la primitiva catedral, los datos conocidos de la cual  se remontan al año 343, es decir hace diecisiete siglos, que ya son siglos. La fachada es la obra más reciente, de finales del siglo XIX concretamente.

Campanas Eulalia y Honorata
Una curiosidad: la catedral de Barcelona tiene 13 campanas. Todas tienen un nombre, la mayoría un nombre de mujer: la Eulalia, la Honorata, la Tomasa, la Mercè, la Prima, la Dominica, la Tecla, la Nona, la Oleguera, la Vedada, la Esquella alta, la Esquella baja y Cristina. Todas y cada una tienen su historia. El nombre se lo ponía el obispo o un delegado suyo, no sé si ahora también lo hacen: una de ellas, Cristina, es la más nueva y se le puso este nombre porque la infanta se casó en la catedral. Había una en el siglo XVI, de nombre la Severa, conocida como El Seny del Lladre (La cordura del Ladrón), y se tocaba al anochecer para indicar que era "la hora de tomar las medidas adecuadas".

Las que tienen más leyenda son la Eulalia, la más grande, de 3 toneladas de peso, que es la que toca las horas, y la Honorata, la de los cuartos. La primera fue bautizada por Alfonso XII con este nombre, en recuerdo de la santa. La segunda sustituye a una que hizo retirar Felipe V como "castigo" porque, en su reinado, la habían hecho repicar en unos motines que hubo en Barcelona.

Al acercarnos a la Via Laietana por el llano de delante de la Catedral, podremos ver, de reojo, el colorista tejado del Mercat de Santa Caterina a la derecha, reconstruido hace pocos años por el arquitecto Miralles. Pasaremos un avituallamiento lleno a rebosar de voluntarios -el que más de toda la maratón-, y a su altura nos encontraremos el señalizador del Km 38 y más de uno y una se sorprenderán de haber llegado tan bien hasta aquí.


Km 38 al 39

Giraremos a la derecha y  bajaremos por Via Laietana un pequeño tramo. Pasaremos por la parte de atrás del Palau del Rei, una maravilla más del recorrido y un regalo para la vista -si no hay ningún autocar aparcado que haga la pascua- con Ramon Berenguer III el Gran saludándonos desde lo alto del su caballo. La estatua, realizada por Josep Llimona en 1920, estuvo, por cierto, acompañada de la polémica cuando el escultor Frederic Marès, treinta años después, le añadió al caballo una cola diferente a la que tenía el original, mucho más larga, nunca se ha sabido el por qué.

A poco llegaremos a la Plaça del Àngel, que se llama así porque en este punto, y según la leyenda, un ángel detuvo el martirio a que estaba sometida la pequeña Eulàlia en el siglo I (la tiraron rodando dentro de una bota llena de cristales por la calle actualmente llamado Baixada de Santa Eulàlia), más tarde santa y patrona de la ciudad. Giraremos a la derecha para coger la calle Jaume I y subirla - ¡Hay que ver la subidita a estas alturas! - hasta la Plaça de Sant Jaume.

Plaza de Sant Jaume. La Mercè de 1930
Cruzaremos la Plaça de Sant Jaume, donde tendremos El Ajuntament a la izquierda de nuestro camino, y la Generalitat a la derecha. Como cuando estábamos en el Camp Nou, conozco uno que ahora gritará ¡¡¡Visca Catalunya!!!. Lo hace cada año y dice que la ayuda. Asegura que le sirve para coger fuerzas -dice que el espíritu de Tarradellas, que fue atleta en su juventud, revive y la ayuda- que ahora es cuando  hacen más falta.

El Ajuntament, con las estatuas del rey Jaime I y de Juan Fiveller -un consejero que protagonizó un enfrentamiento histórico con el rey de Castilla, Fernando de Antequera, al reclamarle el pago de unos impuestos de lo que adquiría en Barcelona -; las cuatro columnas en el balcón simbolizando las cuatro barras catalanas, y una curiosa placa de 1840 que dice Plaza de la Constitución ... Y el edificio de la Generalitat, donde todavía se pueden ver señales de disparos en la fachada, producto de las muchas luchas que ha sufrido el lugar a lo largo de los años. El simbolismo que tiene la plaza es una de las cosas que, hoy, más que otras veces que pasa por aquí, emocionan mucho a aquel  que conozco, vete a saber el por qué ...

Tras cruzar la plaza haremos la pequeña bajadita de la calle Ferran, cuyo nombre no es en honor del de Antequera por supuesto, sino de otro rey, que también era absolutista pero qué le vamos a hacer, y al acabarla llegaremos a la Rambla.

Cuando Barcelona era romana y la pequeña ciudad se agrupaba encima de una colina, el Monte Taber, que estaba muy cerca de donde hemos pasado hace poco, había a ambos lados dos rieras: la del Torrent de l'Olla , que hoy es la Vía Laietana, y la que con el tiempo se llamaría la Rambla después que se dijera de muchas maneras, desde Malla, Bononat, Ponent, Pons ... hasta Codolell.

Como sea, y por lo que dicen los eruditos -a los que tantas veces estoy recurriendo desde que me ha dado por hacer esta sui generis fisonomía del recorrido de la maratón, y para quien ahora, a punto de terminar, quiero hacer un reconocimiento - la palabra "rambla" significa torrente o riera, y proviene del árabe. Es curioso, por cierto, que en el vocabulario inglés moderno figura también la palabra "ramble" que significa excursión a pie. Será por eso de la gran popularidad de la Rambla entre los turistas ingleses?

Salida del Liceu. Pintura de 1902
Aparte de turistas, que es seguro nos aplaudirán y animarán por nuestra particular excursión a pie, lo primero que veremos de la Rambla, frente a nosotros, al otro lado, será la parte nueva de la fachada del Liceu, una maravilla de dentro pero sin nada especial por fuera. Un teatro de ópera donde, además de poder escuchar eximías sopranos, también, insólitamente, actúa a veces la Pantoja. Una curiosidad: a diferencia de otras ciudades europeas, donde los monarcas financiaban la construcción de teatros de opera y tienen un palco real, el Liceu fue edificado mediante aportaciones de particulares y no la tiene.

Muy pronto pasaremos por delante de otro hotel con mucha historia: el Hotel Oriente, también al otro lado de la Rambla, donde, entre otros personajes, se alojó el famoso escritor de cuentos Hans Chrstian Andersen , y donde, quizá por eso, se celebra una tertulia literaria cada último domingo de mes (cualquier aficionado a la lectura puede ir), llamada "El sofá literario".

La Rambla, por donde seguiremos hasta llegar al monumento a Colón, que ya lo estamos viendo, da un poco de pendiente hacia abajo. Si no, como hubieran llegado las aguas que bajaban de la sierra de Collserola. De la Carretera de las Aguas, por ejemplo?

A propósito, la Carretera de las Aguas, allá arriba, bajo el Tibidabo - donde más de uno y más de dos de los que estamos ahora aquí abajo seguro que ha hecho algún kilómetro de entrenamiento- no se le dice "de las Aguas" por aquellas que bajaban, si no porque desde principios del siglo pasado, la empresa Agbar (los de la torre) construyeron una conducción de agua para abastecer la ciudad de Barcelona. Y sabedores entonces que iríamos a correr cien años después, la allanaron con tierra -se dejaron algunas piedras, todo hay que decirlo- para que pudiéramos entrenar las tiradas largas de este maratón que estamos acabando.

Seguiremos corriendo Rambla abajo, y justamente a nuestro lado veremos a más de una estatua humana. ¡Qué contraste!: Impávidos como estarán los artistas que lo hacen, no sé si no envidiaremos su inmovilidad a estas alturas de la peli.

También veremos una, de piedra, en la Plaça del Teatre que nos encontraremos bajando: la de Frederic Soler (Pitarra), un dramaturgo que creó el teatro catalán moderno. En la Rambla hay mil cosas que ver. Una de ellas, para nosotros, hoy, más importante que la de la estatua de este buen hombre, con todos los respetos. Y es que a su altura, habrá, de verdad!, La señal del Km 39.


Km 39 al 40

En la Rambla, no hay que decirlo, hay de todo y más. Un poco más abajo, en los portales de los números 22 y 24, a la izquierda de nuestro paso, por ejemplo, hay un hotel construido hace poco. En el suelo del edificio derruido, había unos  agujeros en el escalón de mármol de una de las puertas. Fueron producidos por los tacones de los zapatos de las prostitutas que esperaban clientes repicando en el suelo para hacerse pasar el frío.

Las huellas de las prostitutas de la Rambla
Un apunte a propósito: los promotores del hotel -no sé si lo han hecho- dijeron que conservarían las huellas de los tacones de aguja de las chicas. Aseguraban que arrancarían los escalones, los enmarcarían  y los colgarían en el vestíbulo del nuevo hotel porque lo consideraban "un patrimonio de la ciudad". El escritor y periodista, González Ledesma, describía estos mármoles en un artículo: "Están materialmente comidos, acuchillados por los tacones de las mujeres que esperaban allí. Hijas de las horas, esclavas de las miradas fugitivas, muñecas sin tiempo, su huella queda en este verdadero monumento histórico que merecería un rincón piadoso en un museo de la ciudad ".

Acabaremos de bajar la Rambla, y al llegar a su final, en el Portal de la Paz, nos esperará la estatua de Cristóbal Colón, lo cual quiere decir que la maratón se acaba. Parecía que no se acabaría nunca, pero se está acabando. Ahora, a falta de tres kilómetros, lo más difícil, para mí, ya ha pasado. Tendremos que mantener el ritmo tanto como podamos, tendremos que levantar las rodillas un poco, tendremos que visualizar la pancarta de llegada, tendremos que..., pero ya casi la tenemos en el bolsillo.

Además, aunque estaremos un poco tocados, no nos confundiremos; sabremos que la estatua de Colón no es humana como las de antes de la Rambla, sino que es una escultura de bronce realizada por el escultor Rafael Atché el año 1888, que nos dice que tenemos que ir hacia la derecha.

Le haremos caso al señor Colón. Iremos hacia la derecha, adonde nos dirige él con su dedo de medio metro, para pasar por el Passeig de Josep Carner por delante del extraordinario edificio de Les Drassanes, el lugar donde hacían los barcos en la Edad Media, el mayor y más completo astillero medieval que se conserva en el mundo, y una de las mejores muestras de la arquitectura gótica civil de los Países Catalanes.

Y al llegar a la Plaça de les Drassanes, una gran rotonda bastante fea, donde hay una especie de colina de piedras negras en medio (hace años, cuando se inauguró, quería parecer un volcán porque emergía vapor de agua ) giraremos para coger el Paral · lel. El Paral·l el es una calle donde, a principios del siglo pasado, antes de la guerra, el desenfreno, según dicen, estaba asegurado en todo momento. Ahora no. Y hoy, justo en este momento, de desenfreno en absoluto. Y ya nos va bien: concentración y nada más que concentración es lo que necesitamos.

Porta de Santa Madrona en el Paralelo
A pesar de estar concentrados, no dejaremos de admirar el trozo de Muralla y la Porta de Santa Madrona que tendremos a la derecha. Valdrá la pena darle un vistazo pasando por delante: ésta era una de las tres puertas de la Barcelona medieval y la única que se ha conservado tras el derribo de las murallas en el siglo XIX para hacer el Eixample.

Un poco más adelante, cuando hayamos pasado el muro (el de la muralla, ya me entendéis), veremos al otro lado las Tres Xemeneies (Tres Chimeneas), otro de los elementos que son testimonio del carácter industrial que tuvo la ciudad en el pasado . Las chimeneas formaban parte de la central eléctrica La Canadiense que había a principios del siglo XX en este espacio del Poble Sec, el barrio a la izquierda de donde estamos ahora, que suministraba la luz a la ciudad. Ahora hay un bonito parque, donde los eskaters hacen sus acrobacias junto a fragmentos de la antigua maquinaria de la central, un vagón de tren, y una gran silla de metal -oa mí me parece que es una silla-, que será lo primero que veremos.

Y ya decía que esto se acababa, porque, justamente a la altura de este parque de las Tres  Xemeneies, cuidado con los sustos, encontraremos el indicador del Km 40.


Km 40 al 41

Avanzando por el Paral · lel podremos ver que, aunque no como antes, ni mucho menos, sigue siendo una calle donde el mundo de la farándula está bastante presente gracias a los teatros que todavía hay. Pasando por delante del Apolo, por ejemplo, imaginaremos que salen a animarnos los artistas que trabajan. Seguro que lo harían si fuera más tarde porque ahora estarán durmiendo, o los del Victoria, un poco más allá.

Fuente de Raquel Meller
Quién sabe, además, si la escultura de Raquel Meller que hay encima de la fuente que está entre los dos teatros, a la izquierda de nuestro paso -una famosa cantante y actriz de los alegres veinte, que lleva un ramo de violetas para recordar la que fue su canción más popular, "La Violetera", inmortalizada por Charles Chaplin en la película "Luces de la ciudad" - cobrará vida al vernos y nos aplaudirá para ayudarnos a hacer lo poco que nos queda para llegar a la meta.

O quién sabe si un poco más arriba se reencarnaran todas las vedettes que salían en El Molino -el centenario music-hall que estuvo cerrado y ahora ha reabierto- y también nos animarán.

Paral·lel arriba -quién era el guapo que decía que no subía! - Iremos pasando las calles del barrio de Sant Antoni a la derecha, y del Poble Sec a la izquierda, y quizás recordaremos las veces que hemos hecho las carreras que se celebran en estos dos barrios, la primera en invierno y la segunda en verano. Y es que, no nos podemos quejar, Barcelona es una ciudad donde muy a menudo - bien lo saben los guardias urbanos y los taxistas-, casi cada quince días hay una en un lugar u otro. Por lo menos, 30 al año. Ninguna, no obstante, como esta que estamos terminando, la madre de todas las carreras que se hacen y se deshacen. (Quizás esto último me ha salido un poco cursi, pero lo dejo).

El maratón se está acabando, y no tengo fuerzas para seguir dando la tabarra con las cosas que nos encontramos a nuestro paso. No nos engañemos, no las verá nadie, un servidor el que menos.

Digamos, tan sólo que, pasada la parada del metro de Poblesec tendremos que dominar la emoción porque encontraremos la señal del km 41.


Km 41 al 42.195

Pasado el 41, todo será coser y cantar. Seguiremos por el Paral · lel en subidita, pero da igual. Ni lo notaremos. Ahora, que muy pronto veremos las columnas del edificio de la Fira, que querrá decir que estaremos a punto de terminar este maratón tan ansiado, da igual.

La poca subida da igual (peor era cuando subíamos hace años hasta el estadio de Montjuïc para terminar el maratón, podríamos decir). Continuaremos por el Paral · lel y nos parecerá la calle más bonita de todos las del circuito. Pronto veremos los amigos incondicionales y los familiares que estarán esperándonos, llorosos, con desatadas emociones, ellos y nosotros, y dejaremos el Paral·lel al encontrar la Plaça Espanya.

En la plaza, que nos parecerá más bonita que en la salida,. veremos el indicador del km 42, y ahora sí que se ha acabado! Y un poquito más allá, pasadas las Torres Venecianes, que creeremos que están aquí desde la Exposición del 29 esperándonos para acogernos, también emocionadas, pisaremos la línea de llegada en pleno éxtasis y conseguiremos la gloria.

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Miquel Pucurull y Fontova
pucurullfontova@yahoo.es

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